V
Gabriel Impaglione
Se sucedieron espesos huecos y murallas
de fundida piedra inexpugnable.
Cada cosa llegaba con su minuto encima
como un jinete ciego, ensangrentado.
Pas�, primero, la red met�lica del miedo
atrapando cuanto coraz�n latiese.
Luego v�ndalos del hartazgo macerado
con antorchas, con horcas y aguijones.
Hicieron temblar la tierra los an�nimos.
Los obreros de la empecinada utop�a.
Los maquinista del grito y la rabia.
Las costureras de banderas. Cada descalzo desaf�o.
Uno a uno los due�os de las cosas,
los ancestros de la victoria de la rosa,
las comadronas con pu�ados de luz,
desanudaron la red y abrieron el cielo.
Ahora descansa bajo cada piedra
un pu�o con grito en voz baja.
VI
Gabriel Impaglione
Los que entonces levantaban ciudades,
hac�an girar las ruedas y los vientos,
torc�an el cauce de los r�os y del hambre,
alzaron la piedra, el pu�o, la palabra.
Crecieron bajo las banderas.
Hundieron la espesa tiniebla del miedo instaurado.
Los tuve frente a frente una tarde,
cuando hu�a de la silla constrictora.
Me tendieron sus manos de futuro.
Junto a ellos constru� mi coraz�n y mi casa.

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