Banco de enamorados
Bronce
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Carlos Espino, nace en M�xico.
Los sue�os, las im�genes, los deseos del artista cobran vida, halagan los sentidos e invitan a contemplar la sublimaci�n del amor a la naturaleza en el para�so que
recrea.
Carlos Espino entrega su alma y pensamiento a cada figura que esculpe, su energ�a confluye en expresi�n de bronce, consagrando sus instantes de inspiraci�n al anhelo de
permanencia.
En sus esculturas conjugan los grandes mitos de la antig�edad y la sensibilidad del hombre moderno que aspira a la armon�a de lo bello.
Escultura de ayer y de hoy porque en ella se presencia la fuerza de los elementos naturales, la belleza de los seres que pueblan el universo, los profundos misterios divinos, la lucha del hombre por su destino, la libertad. En ella se revela su concepci�n c�smica, sin duda fraguada por la historia, la leyenda, los h�roes de sus lecturas-primeras y con el tiempo trascendidas a su quehacer art�stico. El juego de su infancia no ha cesado, su epopeya se vuelca ahora en la creaci�n, por el af�n de ser Oce�no, de poseer el vigor de "Percher�n" por el anhelo de encuentro con "Eros" y "Afrodita", por conquistar la libertad de "D�dalo", por compartir el h�bito vital de "Prometeo", por alabar excelsitud humana en todos sus
personajes.
El bronce, materia predilecta del escultor, colma el espacio en conjuntos monumentales, en figuras ecuestres y pedestres; basta citar algunos m�s
representativos:
"La ofrenda", en los jardines de la Bas�lica de Nuestra Sra. de Guadalupe. (M�xico)
"Cuauhtemoc", "Tabzcoob", en Villahermosa, Tabasco. (M�xico)
"Felipe Angeles", en Zacatecas, Zacatecas. (M�xico)
"Fuerza ind�mita", en Arligton, Texas USA
"Aguila Nacional" - en Tijuana, B.C. (M�xico)
"Mariano Matamoros", "Miguel Hidalgo", en Tlanepantla, Edo. de M�xico
"Benito Ju�rez", en Minatitl�n, Ver.
"Sor Juana In�s de la Cruz" -(busto, por encargo de Margarita L�pez Portillo).
El tono de su obra, la atm�sfera que crea en su conjunto, es de un cont�nuo dinamismo que convoca a reconocer la vinculaci�n entre cielo-tierra y a alabar el impulso vital del hombre.
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