Yo tengo en el recuerdo la pureza
del verso, de la rosa, del roc�o;
yo puedo regresar al mismo r�o,
tener en el hogar la misma pieza.
Yo tengo en un rinc�n de la cabeza
el fuego del amor, que fue tan m�o;
el beso, la pasi�n, el desvar�o,
los pasos que se dan con ligereza.
Yo tengo un coraz�n en la corteza,
un vuelco en la raz�n hacia el vac�o
del tiempo, que no acaba, que no empieza.
Yo tengo en el recuerdo la certeza
del sol, de los calores del est�o,
del rojo de la sangre y la cereza.
(Del libro: El Cielo se hizo de amor, � 1986)
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En esta soledad abrumadora,
aislado como estoy de lo mundano,
�existo en realidad o soy un vano
concepto de una mente perceptora?
Existe o no el reloj que da la hora,
la silla en que me siento y me devano?
�Existe el coraz�n, el tuyo, hermano,
o s�lo es ilusi�n de quien lo llora?
Fil�sofos que hubo antes de ahora
negaron la existencia de la mora,
teniendo sus tinturas en la mano.
Negaron el reinado soberano
y externo de la cosa m�s sonora:
el cr�talo, el tac�n de una se�ora...
(De El Lim�n Hesp�rico)
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