ROMPECABEZAS

Ulises Cremonte

 

A Julio Cort�zar
y a la ni�a que
me intim� a leerlo.

 

Ese martes mi abuela se levant� temprano. Mas temprano que de costumbre. Al menos eso pens� yo, que hab�a dormido poco y mal y adem�s en ese verano cualquier hora me parec�a temprano en Necochea.

Estuvo un rato acomod�ndose la peluca en el espejo grande de la pieza. Mov�a sus manos en forma lateral y despu�s met�a unas horquillas en su pelo, su verdadero pelo y se echaba spray, como fumigando. Tardaba un rato en domar la peluca, pero siempre quedaba bien y mansita, casi como si hubiese nacido ah�. Yo la espiaba con un ojo, pero no mucho, porque hac�a sue�o y porque a ella no le gustaba que la mirara mientras se acomodaba la peluca, en el espejo grande de la pieza.

Me parece que so��, en el rompecabezas de "La guerra de las galaxias" o en algo as�, porque anduve un rato mas con los ojos cerrados. Despu�s vino mi abuela con una bandeja llena de caf� con leche y unas galletitas que trataban de hacer equilibrio encima de la tapa amarilla del tarro de vidrio.

Yo no quer�a despertarme, porque el sue�o estaba lindo y hac�a fiaca y en ese verano cualquier hora me parec�a temprano en Necochea, pero la bandeja estaba llena de caf� con leche y los malabares de las galletitas merec�an mi atenci�n y adem�s ese d�a ven�a Mariela y no pod�a  andar todo el d�a medio dormido no sea cosa que se piense que uno es un zonzo o algo as�.

Met� la cuchara en el caf� con leche y la revolv� haciendo olas en esa palangana de porcelana y mientras miraba el centro de ese tornado marr�n escuchaba que mi abuela me dec�a que ya estaba bien revuelto, que no jugara con el caf� con leche, que se me iba a enfriar.

Tome la taza con las dos manos, imagin�ndome que estaba en la comuni�n que nunca tuve y de un sorbo  tragu� casi la mitad. Mi abuela vigilaba desde arriba y yo le miraba de reojo la peluca domada que le hab�a quedado bien, porque mi abuela en las fotos de joven era linda y esas cosas quedan en las caras y en los gestos, a pesar del tiempo y las arrugas.

Eran como las 10 y media y hab�a que apurarse porque ten�amos que ir a la 59 a comprar no se que cosa para la casa y el rompecabezas de "La guerra de las galaxias" y porque a la tardecita o a la noche ven�a Mariela y hab�a que estar preparado para salir.

No pude con todo el caf� con leche medio porque era mucho y adem�s ya me estaba comiendo la ansiedad de levantarme y cambiarme y ya estar listo, no sea cosa de que llegue antes y chau rompecabezas.

Fui al ba�o y me qued� mir�ndome en el espejo un buen rato, no se, como un minuto o mas, dos, no se y me pregunt� cuando me crecer�a barba y esas cosas y como ser�a afeitarse, levantarse y agarrar esa espuma blanca como los copos de nieve que venden en los circos y llenarme la cara de eso y hacer como una barba blanca, como una burbuja en el ment�n y en los cachetes y pasar esa maquinitas, as� como un cuchillo y jugar a que en cada rebanada me saco un pedazo de piel. Y me qued� as� ri�ndome de mi cara sin piel, puro hueso o con esas cosas rojas que est�n antes, o con venitas como ca�er�as que pasan por toda la cara y por todos lados formando esas t�neles que creo que tiene el cuerpo.

Y me qued� as�, hasta que mi abuela me pregunt� si me pasaba algo medio sabiendo que yo estaba perdiendo el tiempo, pero como haci�ndose la preocupada.

Sal� del ba�o y me fui a cambiar, ah� en la pieza de mi abuela, as� escondido atr�s de una silla, porque no me gustaba que me viera en calzoncillo, porque esta bien, dorm�a en la cama de ella y no ten�a barba, pero tampoco era un chico, chiquito y adem�s ese d�a menos que menos porque ven�a Mariela.

Despu�s de un rato, de esos ratos insoportables que tardan las abuelas en preparase para salir, por fin fuimos para la 59.

Estabamos a diez cuadras y me gustaba caminar con la abuela, a pesar de que era lenta y siempre pisaba como pidi�ndole perd�n a las baldosas o a no se que. Ella me cargaba porque dec�a que le gente deb�a comentar que yo andaba por la calle con esa vieja fea solo por su dinero. Entonces me re�a, medio de compromiso, y le dec�a que ella no era una vieja fea y que en las fotos de joven era linda. Ella sonre�a y creo que me hac�a esos chistes para que yo me riera de compromiso y que le dijera que era linda.

Llegamos hasta un negocio de eso de viejos y aburridos donde sab�a que no pod�a haber nada que me interesara. Para colmo la vendedora empez� a decir cosas lindas de mi y yo me puse colorado y un poco orgulloso, pero sobre todo colorado porque no estaba acostumbrado a que un desconocido diga eso. Me qued� quieto en un rinc�n y no pens� en nada, o si, pens� en si Mariela me dir�a alguna vez cosas lindas y si yo me podr�a colorado o si me animar�a a darle un beso, de esos que siempre quise darle.

Al fin salimos porque los pensamientos me pesaban y necesitaba un poco de aire, porque era enero y al mediod�a ya hac�a calor a pesar de que hab�a nubes.

Y entonces entramos a la jugueter�a, esa que est� en una galer�a que tiene calecitas y juegos. La otra noche, cuando salimos a tomar un helado con la abuela nos metimos en la galer�a y vimos el rompecabezas a un precio muy barato y nos hicimos la idea de que lo ten�a que tener si o si.

Y ahora estabamos ah� apunto de llevarlo, pero cuando lo fue a pagar sal�a mas que lo que dec�a en la vidriera, o ese n�mero era el c�digo o algo, no era el precio, el precio era otro, mas caro y entonces no lo compr�.

Salimos de la jugueter�a y no le dije nada porque todav�a no entend�a que hab�a pasado y porque yo ya estaba convencido de que lo iba a tener. Afuera de la galer�a hab�a empezado a llover y mi abuela me dijo que �bamos a tomar un colectivo y yo le dije que no, que quer�a ir caminando, que eran solo diez cuadras y entonces me dijo que �bamos a ir en colectivo, me gustara o no; porque no me iba a estar mojando, haber si me engripaba o me agarraba algo y despu�s me pasaba el verano en cama, y yo le dije que no me importaba estar en cama, que no me importaba nada y que me quer�a mojar as� no ten�a que salir mas con ella y entonces vino el colectivo y me subi� de prepo y a la fuerza y me sent� en el colectivo y yo no llor�, no porque no tuviera ganas, sino de bronca nom�s y no nos hablamos durante todo el viaje.

Cuando nos bajamos, cas� que nos re�mos, pero no, porque esas peleas hay que hacerlas durar un poco, as� el otro aprende a no jorobar con algunas cosas que tienen que ser de una �nica manera.

Y como yo ven�a pensando en eso no me di cuenta que mi abuelo estaba en la puerta hablando con gente y que esa gente eran los padres de Mariela y entonces empec� a caminar m�s r�pido, no al ritmo de mi abuela y llegu� y salud�, pero Mariela no estaba, hasta que apareci� de adentro de la casa y la abras� y el abrazo dur� un rato, no lo que yo hubiese querido que durara, pero si un rato y entonces ya no me import� el rompecabezas.

Para eso el padre de Mariela me dijo que si me apuraba me invitaba a comer al puerto y entonces me apur� y mi abuela me ayud� a cambiarme y me dijo que me pusiera las zapatillas nuevas, esas amarillas que a ella no le gustaban, pero que como eran nuevas me las pusiera y entonces se nos pas� la bronca y hasta dej� que me pusiera un poco de spray en el pelo para silenciar ese remolino que me quedaba medio mal.

Los padres y Mariela ya estaban en el auto y la salud� a mi abuela, apurado como estaba y le dije chau a mi abuelo, que me llam� y me dijo que no me apurara que hab�a tiempo y que fuese a darle un beso. Entonces me volv�, medio mufado y cuando me estaba acercando sac� un billete de esos que no compras nada y me lo dio y yo con m�s mufa, porque si al menos me hubiese dado uno rojo, la pod�a invitar a tomar un cucurucho o algo y antes de que me diera vuelta sac� un billete azul que era mas que varios rojos y me lo di�. Ahora si se hab�a ganado un beso y un saludo y de atr�s mi abuela que me gui�aba el ojo, como diciendo que todo iba a salir bien, que me haga un poco el interesante, como siempre dice mi abuela.

Me sub� atr�s, al lado de Mariela y me qued� un poco callado, medio cansado por tanta cosa junta y ella me dijo que hab�a recibido mi carta y me pregunt� si me hab�a gustado el dibujo que me hab�a mandado, un dibujo donde yo estaba grande y hab�a un castillo y ella estaba encerrada en la c�rcel de arriba del castillo. Creo que le dije que si, no se, porque todo pas� muy r�pido y muy lento a la vez y ya est�bamos en el restauran y ten�a que pedir algo de pescado y a m� el pescado no me gustaba, pero si las rabas.

Las rabas llegaron junto con el pulpo que hab�an pedido todos y me qued� viendo ese pulpo, que no parec�a muerto, ni cocinado, los pulpos nunca me parec�a que estaban muertos, ser� por los tent�culos y esas cosas y porque estaba entero, no se, pero parec�a vivo y me acord� de "Manotas" el pulpo de los dibujitos, y le hice un chiste al o�do a Mariela, sobre el sombrero tipo Piluso que ten�a "Manotas" y se ri� y entonces sent� que pod�a estar siempre con ella.

Cuando salimos del restauran nos dejaron en la 83 que era peatonal y entonces ella con plata que le di� el padre me compr� un cucurucho interminable, que nos cost� mas de veinte minutos tomarlo, con cucurucho y todo y nos volvimos caminando a su casa y en eso ella se encuentra con un chico de Buenos Aires, mucho mas alto y mas flaco que yo y tambi�n lo abraza y me parece que mas tiempo que a m� y yo me quedo a un costado con en el negocio a la ma�ana, pero no hay nadie que me diga cosas lindas y me haga poner colorado. Se despiden y ella le dice la direcci�n de la casa, pero el no la anota, as� que yo me quede tranquilo, porque segura se la olvida.

Estuvimos toda la tarde en el patio de la casa charlando y tomando jugo y casi que no pod�amos dejar de hablar. Yo ya pensaba que me pod�a llegar a quedar a dormir, pero no ten�a pijama y era un lio ir a avisar a mis abuelos, pero la idea de quedarme era linda tambi�n

Pero como una nube, apareci� ese chico, que si se acord� la direcci�n y entonces se pusieron a hablar y se hizo como las siete y lo invit� a comer, y a mi tambi�n, pero no era el hecho y entonces les dije que me iba, que me ten�a que ir porque sino mis abuelos se iban a preocupar y la madre insisti�, pero yo nada y entonces el padre se ofreci� a llevarme en auto y le dije que no, que me iba en colectivo, que yo me sab�a manejar solo en Necochea.

Y me fu� caminando hasta la parada por una zona de bald�os que no conoc�a y habr�a sentido miedo, de no haber sido que empec� a llorar, como un zonzo, pero estaba bien, porque ya era de noche y nadie me ve�a y porque hac�a rato que ten�a ganas de llorar.

Cuando llegu� a la parada se me paso toda tristeza, o casi toda y durante el viaje medio me qued� dormido porque ten�a como cuarenta minutos hasta llegar a lo de mis abuelos.

Me baj� en la 59 y fu� a la jugueter�a y me compr� el rompecabezas, el de "La guerra de las galaxias".

Cuando llegu� a casa, mi abuelo me pregunt� que hac�a tan temprano y como me hab�a ido y yo creo que casi no le contest�. Me pidi� que le muestre que era ese paquete y le dije que un regalo que me merec�a hace rato y no me contest�. Mi abuela no me pregunt� nada, porque ya se hab�a dado cuenta de todo.

Com� unas milanesas con muchas papas fritas y cuando terminamos, mi abuela me llev� al living, y prendi� la ara�a principal. No prende casi nunca esa ara�a. Una ara�a con millones de foquitos Y foquitos con millones de cristales y cristales con millones de secretos luminosos que muy pocas veces se ven.

Y entonces trajo el rompecabezas y lo abri� y empez� a armarlo y me mir� medio como diciendo "que esperas para hacer lo mismo" y yo tambi�n empec� a unir esos pedacitos medios rotos que se parec�an mucho a algo que sent�a en el pecho, pero que no sab�a muy bien que era.      

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