LA
ULTIMA CENA DEL ENSAYO: TRECE COMENSALES
Pedro
Téllez
 1.-
 Esta
escrito que
escribe (o habla) ensayísticamente el que compone experimentando, el que
vuelve, interroga, palpa, examina y atraviesa el objeto de su reflexión.Â
Por ser así, la escritura ensayística esta presente en novelas,
cuentos, poemas, y en mayor grado en los ensayos.Â
El parecido de la escritura ensayística con el "pensar" es
evidente. Exceptuando al monologo
interior -hallazgo de la narrativa- no hay ninguna escritura que se asemeje
mas al fluir del pensamiento.
2.-Â Â
Espejo
sin azogue, que refleja y
deja pasar. Al inicio, en la escritura ensayística el objeto de reflexión
no tiene foco, ni forma predeterminada; antes del final, la reflexión
reflejará al mismo espejo: Simmel es el asa; pero para mi Simmel es
sencillamente la firma, en ese ensayo que apareció en el numero IX de la
Revista de Occidente, y
que bien pudo publicarse en forma anónima, seudónima o heterónima.
3.-
 Candileja.Â
Si lo visible por todos es lo público y
lo oscuro corresponde a lo privado, la escritura ensayística ensaya en el
claroscuro; teatralmente alumbra el detalle o experimentando con el laser
corta, quema. Probablemente por
ese hacer público a lo privado y
viceversa, llamarían a Freud
el Montaigne de nuestro tiempo.
4.-
 Una
zoología de los géneros literarios mostraría a la novela como a una perra
sentimental, un ave enjaulada la poesía, el cuento como astuto ratón, y
al ensayo curioso como un gato. Eso
que mata siete veces al gato, alimenta al lector de ensayos.Â
La curiosidad es la misma que le costaría la vida a Bacon, mientras
experimentaba con la refrigeración de la carne.
5.-
 Se
dice que el ensayo debe leerse en una sentada; pero además de nalgas el
lector hará uso de su cerebro. Y
es solo en esta postura que podrá concentrar su atención (que se dispersaría
caminando, o acostado llamaría al sueño).Â
Por necesitar tanto de cerebro como de buenas nalgas, el ensayo no es
apto para ser leído por cucarachas.
6.-
 El
ensayo es travestí: no olvidó el viejo sus dolosos artificios; transfigurose
sucesivamente en melenudo león, en dragón, en pantera y
en corpulento jabalí; después se nos convirtió en agua líquida y hasta
en árbol de excelsa copa. El
alomorfismo como ustedes saben, consiste en el cambio de formas según el
medio, y sin abandonar la escritura "ensayística".  Hay
algo más importante: el ensayo lleva ropas del otro género con elÂ
objeto principal de obtener excitación sexual.
7.-
 El
ensayo y
la critica, el agua y
el aceite. El travestí se
disfraza de mujer, no de mona. Es un contrasentido el ensayo "crítico",
no así la crítica sobre el ensayo. El
investigador habita en la rama de su saber, el ensayista profesa lo inverso:
ni siquiera cuando el objeto de reflexión sea la obra literaria, podrán
ambos confundirse. Hay un segundo
deslinde: el ensayo trabaja con el arte, pero también puede abordar
directamente a las cosas, sin la mediación de este.Â
Él es con respecto a las cosas del mundo, como el vino es a la sangre.
8.-
Â
El
descubridor del ensayo, no su inventor, fue Francis Bacon al publicar algo
"diferente" a lo que escribía Montaigne, y titularle de la misma
manera. Él desenmascaró al
ensayo pese a su alomorfismo. En
verdad estos textos en nada se parecían a los del Novum
organum, o a la Nueva Atlántida; pero los "ensayos"
estaban hermanados por un vínculo orgánico, gemelar, con los anteriores
escritos del pensador francés. Luego
de la modestia fundacional del Lord inglés,Â
nuestro idioma tardaría tres siglos en llamar ensayo a los ensayos.
9.-
 Sin
notariar. Ya sea porque se cita
sin mencionar las fuentes, o porque se trabaja con ideas prestadas es
imposible plagiar un ensayo. Un
ensayo puede generar otro, en otro autor; y
así sucesivamente entre espejos de barbería, y
donde la firma es lo menos importante.
10.-
 La
escritura ensayística como seudo-holograma.Â
A pesar de lo que usualmente aseveran los especialistas, todo ensayo
agota el tema que trata. En
verdad lo agota sin proponérselo. El
todo está en la parte; la realidad no se confina a la "ensayística"
de un autor en particular, o a los tratados y
las monografías, porque nuestra percepción de lo real—y
de lo irreal— es fragmentaria, breve o larga, dudosa.
11.-
 El
ensayo y
el desquite científico en el arte. Está
escrito que el ensayo es la ciencia sin la prueba explícita; pero él es
prueba de las búsquedas ametódicas que emprenden los científicos al final
de su carrera. En estos ensayos
evitan la divulgación de las teorías que les proporcionaron reconocimiento.Â
Al contrario, se interesan por temas “nuevos”, es decir, los viejos
temas de la tradición ensayística: la muerte, la simulación y
la disimulación, la belleza, la deformidad, los viajes, los jardines.
12.-Â Â
Nada
mas ridículo que el ensayista hablando o escribiendo acerca del ensayo.Â
En todo ensayo el autor trata de si mismo, hablar además de su
escritura sería un exceso. Por
eso los mejores ensayistas no son ensayistas, es decir, no lo parecen.
13.-Â
Judas
como Mesías. Salir con blancas o
con negras; elogiar a los caníbales, ironía por delante; la escritura ensayística
nada contra la corriente o no es nada. Ese
esfuerzo necesario, adicional, lo
aporta un lector particular, el lector de ensayos.Â
En la lectura ensayística se da un paso mas allá del sentido común;
o como en el ajedrez, se trata de ver una jugada mas que el adversario.