LAS TRIBUS PERDIDAS
Adriana Serlik
I
Cerca del r�o
de los r�os
que bordearon
mil y uno espejos olvidados
se levanta inexpugnable
la residencia
de las tribus perdidas.
Algunos dijeron
que eran diez
podr�an haber sido mil,
doscientas,
o
s�lo una
pero cerca del r�o
de los r�os.
Mantuvieron el murmullo
de las oraciones.
La tentaci�n de detenerse
un instante a creer
que esa
ser�a su �ltima residencia.
La oraci�n
les contaba diariamente
que ya volver�an
al para�so perdido.
Y por eso
Creyendo
siempre creyendo
aceptaron
viajes
m�s viajes
como esclavos
como gu�as
de cuantiosos imperios,
como augustos compa�eros
de otras vidas
de otros amaneceres
nunca suyos.
Cerca del r�o,
de los m�ltiples r�os
de las vidas
siguieron esperando
volver a una patria
nunca conocida.
II
"Llegando a un r�o mayor que el Duero, dijo el indio, "Aqu� has de ver a tus hermanos"
Relaci�n de Ahar�n Lev�, alias Antonio de Montezinos en "Esto es esperan�a de Israel" de Menasseh Ben Israel
Cuando llegues al encuentro
recuerda
que podremos hablar
de la reuni�n
indio y blanco
blanco e indio
indio blanco
blanco indio.
Que s�lo el silencio
permiti� el olvido
y alarg� el ensue�o
hacia el momento
donde todos
indios blancos
blancos indios
blancos e indios
llegar�an.
Oh! Sepharad...
fuiste rama dulce
encanto de las frutas
dadivosas y perfumadas
pero tuve que dejarte,
alejarme con dolor
de tu cielo.
Oh! Sepharad...
viaj� solitario
con el Libro,
oculto entre mis pa�os,
largas noches
llor� por ti,
y por los m�os,
dispersos por los caminos
hacia tantas tierras
lejanas.
Y llegu� al final del mundo
para escuchar la shem�
en la boca de ese indio
despu�s de partir
de Cartagena de Indias,
caminando una semana,
descansando el sabbat,
en este a�o de
mil seiscientos
cuarenta y cuatro.
|