A Alejandro Magno quiero: soy Mardonio.
A un tal Cat�n persigo: soy Cartago.
Prisa tengo en causarme mil estragos
con el m�s p�rfido de los demonios.
Dadme un Judas con su confuso beso.
Dadme, para mi Esparta, un Esfialtes.
Soldado en Waterloo de Bonaparte,
zar frente al bolchevique rojo preso,
Dar�o, arduo, huyendo del macedonio.
Todo eso soy en retirada y no amago:
de esta suerte no me hurtan ni los rezos.
�Qu� hace sin la guerra un lacedemonio?
�Y qu� sin las u�as el fiero endriago?
De las balas me escudo con mis sesos. |
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Peor ataque no hay, mayor violencia
que no tender la mano a quien pide,
ni peor paz que la de quien decide
no dar al pobre un palo de insurgencia.
F�cil es admirar el arte y la ciencia,
respetar las leyes con que Dios mide
los actos y las rectas de un Euclides.
El pobre s�lo estudia su indigencia.
De piojos, sarnas, hambres s�lo sabe
y su pie de espinas y cortaderas.
La ley es remedio de un mal extra�o.
Pan, himno d�mosle, refugio y llave
para abrir el mundo y sus canteras.
Y ley para guardarse del enga�o.
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