Erase una vez una chiquita Alexandra, todo el mundo la quería, todo el mundo la engreía, pero cada vez que su mamá le llamaba la atención siempre se cruzaba de brazos y fruncía su boquita y la ponía como una trompa.
Un día en la noche el viento decidió hacerle una pasada a Alexandra, se había molestado y de nuevo se había cruzado de brazos y había sacado su trompa cuando entró por la ventana una ráfaga de
viento.
Dibujo: Carolina Pérez
 Animación: Francisco A. Villarreal
Cual no sería la sorpresa de la niña al darse cuenta que no podía poner los brazos y boca en forma normal sino que se había quedado así, luchó y luchó pero no tuvo cómo regresar a ponerse bien
nuevamente.
Alexandra tuvo que acostumbrase a usar únicamente por vestimenta una túnica y aprender a comer todo con una cañita ya que no había forma de poder ponerle una blusa ni de que abriera sus labios para poder comer.
Se dio cuenta que no tenía por qué enfadarse cuando le llamaban la atención, y reconoció que su mamá la hacía solamente por
corregirla.
El señor sol vio lo que el viento había hecho con Alexandra y le dio pena verla de esa
manera, así que decidió ayudarla, la comenzó a abrigar y a calentar hasta que poco a poco a la niña se le fueron soltando los brazos y en la boca poco a poco se le fue dibujando su sonrisa habitual, la que a todos les
gustaba.
Alexandra se volvió más amiga de su mamá pero sí aprendió que tenía que hacerle caso, de cuando en cuando a la niña le dan sus rabietas, pero ya aprendió que se le tienen que pasar rápido porque sino podría quedarse nuevamente así.