EL VICIO DE TOCARTEÂ
Sergio PretoÂ
Â
Apenas empezaba a despuntar tímida mi barba cuando te conocí. Quedé prendado a tu silueta y a tu voz, aprendí a deleitarme en tus curvas y me hice diestro en acariciarte. Tu voz me pedía suavemente que no parara, que no apartara mis manos de ti, que no te abandonara fría y sola en tu ataúd.
Por mucho tiempo fuiste mi único refugio a las tribulaciones, mi compañera incondicional. Noche tras noche nos fundíamos en nuestra obra, hasta que se hacia muy tarde o las voces de mis padres fuera de mi cuarto clamaban porque se apagara nuestra pasión.
Me has dado tantas satisfacciones, alegrías, viajes y aplausos que jamás podré dejarte. Mis manos se estremecerían deseosas de posarse nuevamente sobre ti, y con suavidad hacer salir de tu boca esos dulces y melodiosos sonidos.Â
Y es algo extraño, pero cuando te tengo en mis brazos me siento Dios, doy vida y voz a la madera inerte y al frió acero; sintiendo como palpitas al roce de mis dedos.
Ahora he crecido, y mis obligaciones me demandan un tiempo que antes era sólo tuyo. Pero cada vez que puedo, y el cansancio no me vence, mis manos tímidas coloco sobre ti y recuerdo los viejos tiempos.
Si bien no te he sido del todo fiel, y al querer diversificarme he buscado otras fuentes de lo que tu me das, siempre
ocuparás el lugar de honor, mi querida Guitarra, noble instrumento en donde cabalgan mis
musas.
Â
Â
|