PASEANDO CON OTRA El Amargado A.
Voy a hablarles de ella porque no creo que hayan muchas semejantes a
ella.
Resulta que no la amo, no la quiero, no la deseo, no me gusta, no me atrae. En algunos momentos quiero estar con ella pero no para algo lascivo, ni de la piel, ni del alma. Ella se empe�a en perseguirme, y hablo de constantes acosos. Puedo decirle que se vaya pero es obstinadamente persistente. Y entonces, ni modo, se me va haciendo como una costumbre �a la que jam�s me acostumbrar�- y decido aceptar que camine a mi lado. Y no le importa a donde yo vaya; ella est� dispuesta a acompa�arme a donde sea. Es muy melosa y en el momento que menos lo espero me acecha y de pronto me abraza; me mira como dese�ndome, como si quisiera que yo le hiciera el amor. �Eso jam�s lo har�! Ni siquiera me cruzar� por la mente esa posibilidad. Me he encontrado en lugares p�blicos, inclusive con personas que conozco, y ella se entremete queriendo abarcar toda mi atenci�n. �Qu� les puedo decir...? Claro que la siento, pero no pienso sucumbir ante sus constantes invasiones. Es muy coqueta y juguetona, con lo cual ha pretendido hacerme entrar en un juego de compartir como si fu�semos una pareja. La he rechazado muchas veces, pero nunca se ha dado por vencida. Ayer en la tarde se me encim� y se sent� sobre m� en un acto extremo de insinuaci�n y entrega. No logr� lo que pretend�a. Para estar conmigo en un acto de pareja sexual ella hubiese tenido que despojarse de mucha ropa. Hubiera tenido que hacer un streap tease, y con mucho gusto, eso lo s�; ella se hubiera despojado de gorrito, bufanda, guantes, chaqueta, su�ter, franela manga larga, franela manga corta, una camiseta, botas t�rmicas, medias, pantal�n, licra y ropa interior. Si hubiese intentado despojarse de todo eso, yo hubiera tenido tiempo de salir disparado, para huir despavorido. Esta ma�ana fui a caminar y ella se empe�� en pasear conmigo. De pronto est�bamos en una panader�a. Yo compr� galletas de canela y yogurt de fresa. Las galletas de canela eran para m�, y el yogurt de fresa supongo que quedar� para ornamento interior de mi nevera. Para ella no compr� nada. Pero nunca se queja de mis desprecios. Me acerqu� a cuanto lugar ella pudiera rechazar pero no se apart� de mi lado ni un momento. Llegu� a una plaza que sol�a frecuentar, y me sent� a mirar las palomas que revoloteaban cerca del campanario, como perturbadas por una alarma. Me imaginaba que eran gaviotas y me sent� triste. Entonces ella me abraz� muy fuerte. Cuando ella nota alg�n detalle de melancol�a en m�, siempre est� dispuesta a ser solidaria. Yo ve�a las "gaviotas" cuando una traidora l�grima comenz� a brotar de mi ojo; enseguida ella bes� la gota amarga, la sorbi� y me abraz� m�s fuerte todav�a. No permit� que se me escapara ninguna otra l�grima traidora, aunque muchas de ellas, en cascada, comenzaron a bajar a raudales por la ruta interna que conduce a mi garganta, mientras me quemaban como lenguas de fuego. Ella siempre me dice que es m�a que nunca podr�a apartarla de m�. Me lo dijo una vez m�s sentada en el mismo banco desde donde yo contemplaba el campanario. -No hay nadie m�s tuya que yo. Yo soy para ti, quieras o no. Me puse de pie pensando en una mujer, suspir� hondo... ante el recuerdo. En ese momento mi soledad hab�a desaparecido. No la vi en el banco ni la sent� cerca. Ocurri� que la magia de mi pensamiento me trajo una presencia deseada. De pronto apareci� mi soledad de nuevo y yo estaba entre las dos. Estaba con la mujer y con aquella sensaci�n de vac�o melanc�lico. Decid� marcharme de la plaza. Pero tambi�n decid� intentar que cada vez que mi soledad haga acto de aparici�n, yo voy a convocar una presencia que s� quiero para m�. Bueno, en este momento siento mi soledad. Entonces tambi�n es el momento de invocar la presencia de una mujer. �Y t�, soledad, puedes tener por seguro que alguien te echar�! Una mujer, pobl�ndome, te echar� soledad. �Esa mujer existe!
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