A LOS COMBATIENTES DE LA MODERNIDAD
Isabel Cecilia González Molina
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Los soldados son los niños del ayer, jugaban a las escondidas, lazaban la pelota, se disfrazaban para las fiestas. Los soldados son los hijos alejados, ayudaban en las tareas de la casa, conversaban por las noches, escribían notitas que colocaban en el refrigerador. Los soldados son hermanos, novios, amantes, esposos, padres. Ataudes, los soldados son ataudes cubiertos con
banderas. Nadie extraña al combatiente, ya no, son culpables de su destino.
No nos importan los detalles, una mina, una bomba, una bala. Caen hacia el olvido. Nombres de piedra, antorchas apagadas, borrosos siguen el curso de la historia. Los soldados no son hombres, sueñan pesadillas...
Era un joven que confundió un juego de futbol por una guerra, no llegó al segundo tiempo. Me entristece la noticia sin haberlo conocido. No se comenta lo que sucede, hasta el televisor calla. Los soldados también mueren, son vulnerables como los otros.Â
Eran los niños del ayer, educados, preparados. Desaparecen en acción mientras nos preocupamos por la subida de los precios. Me duelen las imágenes de los cíviles mutilados, de los niños entre explosiones, de las mujeres aterrorizadas y pienso en aquel soldado, tal vez, no comprendió antes de enlistarse que la guerra es territorio de nadie, un lugar maldito, todos terminan
perdedores.
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