EN
LA PLAYA
Vilma
Muises
Golpea el sonido, toc, toc, toc, de mi coraz�n.
Camino, muevo mis brazos al ritmo de las piernas. El cuerpo todo sigue el
movimiento �gil, activo, de la marcha casi trote. No puedo detenerme. Sigo y
sigo por la arena desierta. Por ahora las gaviotas son mis �nicas compa�eras;
rompen con sus graznidos el sonido mon�tono de las olas que se desperezan con
el amanecer. Se hace pesado el andar. No debo detenerme. Pasa una mujer
corriendo en sentido contrario. Apenas alcanzo a mirarla. Tal vez alg�n d�a,
pienso, yo pueda volver a correr as�, como cuando estaba en la secundaria y mis
piernas eran m�s �giles que hoy y ganaba todas las carreras. Rechazo los
recuerdos. Regreso al presente. Trato de no prestar atenci�n a los que ya se
van uniendo a mi soledad. Solo me envuelve el toc, toc de mi coraz�n y el
murmullo del mar, que en mis o�dos resuena estruendoso y se confunde con el
ritmo de mi respiraci�n� Un nuevo aroma me envuelve; se mezcla con el olor a
sal y algas marinas. Pasa a la par m�a, trotando; distrae mi andar, desordena
mis pensamientos. Es colonia fina, de hombre. Hombre alto, de piernas fuertes y
torso desarrollado; pero no tiene esos m�sculos horrorosos que parecen piedras
deformadas e impiden los movimientos. Nada de eso. Es un f�sico pulido con
ejercicios naturales, al aire libre, sin m�quinas infernales. Trota a mi lado.
Me pasa y su estructura absorbe la m�a. Se mete en mi yo. Resbala mi piel en su
piel, brillante, transpirada. Se enredan las piernas como rompecabezas buscando
su lugar correcto. Y los brazos abarcan lo inabarcable; rodean y envuelven
guiados por manos expertas, recurrentes. El aroma a colonia fina se mezcla con
los olores del deseo. El agua corre por nuestros cuerpos en torrente
transparencia y el juego renace al galope de la sangre. Extendidos entre s�banas
ardientes, mezclados nuestros alientos, agitados en un sue�o, se desprende de
mi cuerpo su cuerpo, abandona mi dimensi�n, adelanta sus piernas, camina, corre,
se aleja� Y veo mi sombra en su sombra trotando, apart�ndose, huyendo de la
fantas�a de mis anhelos, en la playa casi desierta, en este d�a gris, de
grandes nubarrones, mar agitado esmeralda, con mi coraz�n golpeando toc, toc,
toc,� mi cabeza con sonidos que retumban y mi aliento que se escapa. Camino,
camino, ya nada puede detenerme.
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