María volaba como un globo colorado. Se hinchaba como para que todo el mundo se diera cuenta de su
felicidad. Y aunque no le preguntaran, ella contaba que ya tenía novio.
Carlos era un barrilete.También le gustaba volar, pero dependía de que su amor fuera
correspondido. Él hubiera hecho cualquier cosa por complacer a su enamorada. Aunque ella se aprovechara y lo arrastrara con un
piolín.
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Ilustración: Carolina Pérez Â
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Animación: Francisco Villarreal
Daniela quería ser un avión. Encendía los motores y avanzaba por el cielo. A veces le bastaba
planear. Entonces su ilusión flotaba entre las nubes.
Pero Cacho se había convertido en una pompa de jabón. Su alegría formaba redondelitos en el aire y se le veían los colores en la
cara. Después, bastaba una palabra o una frase desalentadora para que se pincharan esas burbujas que lo hacían tan
feliz.
Los otros chicos estaban acostumbrados a los aterrizajes forzosos. El avión que era Daniela había pasado por descensos
imprevistos. No siempre lograba llevarse bien con su novio. También María había dejado de ser un globo orgulloso para irse desinflando de a
poco, algunas veces.
A Cacho le bastaba ver a su compañera de banco para armarse y desarmarse. Se ponía redondo y contento cuando ella le
sonreía. Otras veces, bastaba que lo ignorara para que él se rompiera en mil
pedazos.  Pensaba que Mariana no se daba cuenta de que él flotaba por
ella, como una burbuja de jabón.Â
Pero un día su compañera vio los esfuerzos que él hacía por ponerse brillante y redondo y sin
saberlo, se conmovió. Empezó ella también a flotar con un vuelo que no
conocía. Las pompas se unieron en el aire, pero esta vez no reventaron. Siguieron juntas, camino a un cielo hecho de miradas y frases
dulces.