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A mis nietos Daniel, Celia y Raquel
Había una vez una lechuza que era casi igual que todas las demás lechuzas, en todos los aspectos menos en uno, ya que tenía un pequeño problema: era un poquitín apresurada en sus cosas y por estas prisas, casi siempre hacía las cosas mal.
Ella pensaba que era mejor ir deprisa en todo, as� es que todo lo hacía aprisa y corriendo, sin pensar que en esta vida, lo mas importante no es llegar el primero a todo, sino hacer las cosas adecuadamente.
Por ejemplo, cuando estaba cazando por la noche (ratoncitos de campo, que es lo que mas le gusta), en cuanto oía un ruidito que la podía parecer un ratón andando por el campo, se tiraba volando en su busca y como no se había fijado bien, se encuentra con que ha atrapado un papel que iba por el suelo arrastrado por el viento.
En otra ocasión se llev� un buen chasco por no calcular bien la distancia, tropezándose contra un arbolito que estaba en su trayectoria.
Otra vez, con las prisas que llevaba, se confundi� al meterse equivocadamente en una grieta del viejo campanario en el que habita y la echaron a picotazos los verdaderos dueños de aquella grieta, que eran nada mas y nada menos que una familia de halcones peregrinos. Todo esto, la viene ocurriendo siempre por tener demasiada prisa y no fijarse bien en las cosas.Â
Este defecto de nuestra lechuza, hizo que todos la conocieran con el nombre de "la lechuza Chapuza", el mas adecuado a su forma de proceder. A ella no la gustaba demasiado este mote, pero tampoco hacía nada para mejorar.
Pero el percance que la produjo mas inconvenientes fue cuando, después de haberse emparejado con un lechuzo al que, en un principio, no le importaba mucho su defecto, se dedic� a construir un nido donde poner los huevos y criar a sus futuros hijos.
Con sus prisas por terminar el nido en un periquete, empez� a hacerlo con las primeras ramitas que se encontr� por el camino, que resultaron ser de zarzamora y estaban llenas de espinas, con lo que result� un nido de lo mas incómodo y pinchoso. Su compañero lechuzo, la regañó por ser tan descuidada y se dedic� él mismo a traer las ramitas mas aparentes para construir un nido.
Después, también le toc� a él colaborar en su construcción, pues la lechuza Chapuza, haciendo honor a su nombre, lo hacía tan rápido que no se molestaba en trabar bien unas ramitas con otras y el nido se deshacía en cuanto lo tocabas un poco.
Mas tarde, cuando ya qued� terminado el nido (con la colaboración del macho, por supuesto), puso los huevos con tanta precipitación que uno de ellos se le cay� al suelo y se estrope� totalmente.
El lechuzo macho, que se llamaba Ojos grandes, termin� por enfadarse con ella de tal manera que la advirti� que, si no dejaba de ser tan precipitada en sus cosas, se marcharía de su lado para siempre jamás.
Esta advertencia, además de todos los fracasos anteriores. la hicieron reflexionar y se propuso muy seriamente que a partir de ese momento iba a hacer las cosas con mas cuidado, sin querer terminar tan rápidamente todo, y sobre todo, estar atenta a hacer las cosas bien.
Tal y como se lo propuso, a partir de entonces realiz� todo con mucho cuidadito y atención, con lo que su vida se hizo mas feliz.
La historia de esta lechuza, me recuerda una cosa que siempre cuenta la abuela Encarnita, que la decía una profesora que tuvo de pequeña: "Cuando hagas una cosa, hazla lo mejor que se pueda hacer, sin importar lo que tardes, ya que, cuando los demás la vean, no te preguntarán cuanto has tardado en hacerla, sino que te juzgarán por la calidad del trabajo
realizado".