Ecuador es un país pequeño. En su geografía se agrupan playas y volcanes, separados por pocos kilómetros. En Quito (la capital) está la universidad más importante. Allí se juntan los estudiantes de las diferentes carreras. Y se acompañan de una casa a la otra, a la salida. De tantas caminatas juntos surgen algunos noviazgos. Después de recorrer a pie las calles, todavía hay tiempo para demorarse o de hacer reuniones.
Se decía que Carlos había compuesto una canción hermosa. Él tocaba la guitarra y siempre animaba esos encuentros. Los amigos le pedían:
- Toca una que sepamos todos.
Él, obediente, se largaba con canciones que no eran novedad. Sin embargo, una vez llegó con una sorpresa dentro de su estuche de guitarra. Sacó un papel doblado que empezó a desplegar delante nuestro. Ahí tenía anotada una nueva canción. En realidad, él no había dicho que fuera suya, pero todos se fijaron en la letra desprolija y pensaron que era a causa de su inspiración.
Empezó con Muchacha, ojos de papel y las chicas se lo quedaron mirando, enamoradas para siempre. Cantó solo porque nadie conocía esa canción. Su voz nos empapó de dulzura y hasta tuvimos ganas de pedirle que la repitiera. Él la había ensayado bastante y no le importó hacerlo.Â
A las chicas no les interesaba tanto si él era el verdadero autor. Sólo querían que les repitiera aquello de: cuando todo duerma, te robaré un color. Parecía posible, después de todo, que se hubiera inspirado en las aulas de la universidad para hablar de las muchachas de pequeños pies y corazón de tiza.
Algunos compañeros le preguntaron si él la había compuesto. Pero Carlos sonreía. No nos decía que sí, pero tampoco lo negaba. Un día, sin embargo, confesó su engaño. La letra estaba desprolija porque la había copiado de una página en internet. Como el servicio le salía un poco caro, había escrito todo a las apuradas. La canción no era de él.
Lo vimos un poco apenado, así que le pedimos que la cantara. Nos dimos cuenta, entonces, de que la había hecho un poco suya. La emoción era sincera, por más que la letra fuera de otro.
Tuvimos ganas de aplaudirlo. Su voz nos había vuelto a conmover. Carlos sonrió, ya perdonado, y arrancó con otra canción. Una de ésas que saben todos.