EL GRAN EQUIPO

Diego Remussi

 Siempre jugábamos al fútbol. Teníamos un equipo bastante bueno y mejorábamos cada tarde. No nos tomábamos el día libre por nada del mundo y aunque no se pasara lista, nadie tenía ausente en esos encuentros.

 Nos enteramos de que iba a haber un torneo para chicos de nuestra edad. Cada equipo debía tener el nombre de una provincia. Alguien sugirió Malvinas. Nos pareció, por lo menos, original. 

 Los rivales parecían sencillos. En realidad, catorce años era la edad máxima. Nosotros éramos los mayores. Había equipos muy variados, como Salta donde se mezclaban hermanos y amigos menores. Les ganamos 4 a 1.

 Los dos partidos siguientes fueron con Río Negro (3 a 0) y con Misiones (2 a 0). Cacho ya figuraba en la lista de goleadores. Nos sentíamos confiados.

  Sin embargo había otro equipo que había ganado todos sus partidos. Buenos Aires era la sensación. Y nosotros teníamos que enfrentarlos en la fecha siguiente.

Yo los conocía. Algunos de ellos iban a mi colegio. Durante la semana me hablaron mucho. Nos encontrábamos en los recreos y cada uno daba su pronóstico. Poco importaba la clase de Biología o la prueba de Matemáticas. Había un solo tema para hablar.

 Llegó el sábado. Nos sentimos un poco frágiles dentro de nuestras camisetas. Los de Buenos Aires habían llegado con hinchada propia. Pude reconocer a algunas chicas de la división. También estaba Marcela.

 Arrancamos el partido un poco nerviosos. Todos eran pases largos para ver si Cacho cumplía con su promesa de hacer un gol. Ellos jugaban más tranquilos y de a poco se fueron acercando. En un córner, la pelota picó y me pegó en el brazo. Estaba cerca de nuestro arco (hubiera sido penal). Hubo algunas protestas, pero el referí entendió que había sido casual. Por suerte.


Dibujo: Carolina Pérez, 
Animación: Francisco Villarreal

  El primer tiempo terminó empatado. No habíamos estado tan mal, después de todo. No habían podido con nosotros. Salimos a la cancha para el segundo tiempo. Sentí más fuerza que temor: Marcela había sonreído. 

 L
os de Buenos Aires atacaban. Uno de mis rechazos llegó a los pies de Cacho. Se había quedado solo a la espera de algún pase. Enfrentó al arquero y lo descolocó. Cambió de pierna y pateó con la menos hábil. Gol! 1 a 0 .

 Así terminó el partido. A puros abrazos. Cuando me iba me dijeron algo desde la tribuna. Yo me di cuenta de que no eran saludos amistosos. Me acerqué para ver qué querían, pero sentí que unos brazos me agarraban. Me contuvieron, aunque no tenía intención de pelear. 

 Era hora de festejos. Había sido una victoria importantísima. Todavía no había terminado el campeonato pero nos sentíamos campeones.

 

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