POEMA No. 33

Miguel Angel Turco

 

Toma en tus manos una vela,

mira su llama quemando la cera

y observa su mecha impiadosa

peleando su vida con aire triunfal

y resiste ser llevada a los templos

donde ya no se puede quemar.

 

Toma en tus manos una piedra,

mira esa roca como pudo caer

vencida de aguas, de aires

un d�a fue parte del cerro

que fue m�s grande que el mar.

 

Extiende tus manos al cielo

y atrapa en ellas un manojo de viento

y mira, como un aliento

no se deja atrapar.

 

Y pon en tus manos las nubes

y observa como se van,

empujadas por el mismo viento

que quisiste en tus manos tomar,

 

Pon en tus manos un trozo del sol,

y mira como alumbra los dedos

y se queda buscando sin peros

un horizonte por donde escapar.

 

Toma en tus manos un pu�ado de tierra,

y mire como se escurre

entre dedos abiertos que dejan secar

la semilla que un d�a cre�a

en �rbol erguido poderse formar.

 

Toma en tus manos una gota de agua

mira como moja y se evapora en tu piel,

que un d�a fue r�o y corri� a la mar

y hoy es desierto de arena y de sal.

 

Ponte de frente al �rbol plantado,

que en tierra profunda resiste

embates del tiempo y la tempestad

y escucha el arrullo que el aire

canta en sus hojas, al hacerlas temblar.

 

Si puedes hacerlo, entonces ver�s

un exacto reflejo de mi realidad,

y me ver�s tal cual, completo,

sin que nada se pueda escapar.

 

La vela y su llama es mi flama

que ya no quema ni alumbra

ni encuentra templos de paz.

la piedra es mi alma que un d�a fue parte

de enorme monta�a que al valle miraba

y ahora no es nada, mas que escombro perdido

y ni un solo latido qued� sin golpear.

 

El viento es el riesgo, que tom� enga�ado,

las nubes son sue�os, aquellos dorados

que se fueron, empujados

por la verdad de los vientos.

 

Y el trozo de sol es mi luz, mi mirada

que se esconde cansada y lejana

dejando destellos que ya son ocasos.

La tierra es mi idea, del mundo, de todo acaso,

ha sido muy f�rtil, tal vez alg�n d�a

mas ahora es est�ril y no tiene cabida,

y sin remedio sec� la semilla

que hab�a plantado con tanta emoci�n.

 

El agua es de m�, las ganas, la voluntad,

se escurre tan f�cil que inspira piedad

y moja tan poco, que no puede m�s

saciar el deseo de vivir de verdad.

 

Y el �rbol, yo soy, entero y frondoso

que clavado en la tierra pudo aguantar

embates del tiempo eterno y furioso

y sequ�as de agua y de soledad,

pero tan d�bil que tiembla miedoso

cuando la brisa lo toca, con su suavidad.

 

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