EL DESAPARECIDO
Ya no me quieres, tampoco te quiero,
entre los dos existir� el olvido;
no creces para mi, por fin te has ido,
muri� el dolor de tu cari�o fiero.
Vivir sin tu temblor ahora prefiero,
sin ansias que en mi pecho eran quejido;
�ltimo eres, el desaparecido;
la verdad es, que no fuiste el primero.
Las llagas pasadas no me devoran,
desaparece el dolor que me golpea
cuando risas en mi alma otra vez moran.
En la vida que de pronto me rodea,
ma�anas y tardes me enamoran;
amortaja tu recuerdo la marea. |
MIRANDO AL TECHO
Durante el sue�o se produce un di�logo
en la vigilia de mi espacio, estrecho;
angustia que est� oculta sobre el pecho,
como la muerte, -un sentimiento an�logo-.
Ojos azules miran s�lo el techo
y se acerca el recuerdo; es desahogo
cuando lo estudio y miro y lo interrogo,
cortando el sue�o al fin, que est� deshecho.
No me importa que el sue�o se despida
y mis ojos recobran la cordura;
quiere dormir mi carne estremecida.
No me importa que vuele la amargura,
sobre el camino en vuelta hacia la vida.
Por fin cierro mi puerta a la locura. |