INDIA
Jeannette Pesquera
Â
Cierta vez... en un pueblo muy muy lejano..habitaba una indiecita,
India era su nombre. India
vivía en un lugar muy bonito, rodeada de gentes buenas. Su choza
era
de colores brillantes y
resplandecía ante los ojos complacidos de los demás. El verde de
los
campos y el azul de las
aguas rodeaban su morada. La vida no había sido cosa fácil para ella,
pero el destino le había
recompensado poniendo muchas cosas lindas en su camino. A su alrededor
siempre habian
miles de aves de hermosos plumajes ofreciéndole su suave canto. India
sentía que le faltaban
muchas cosas es su vida, sin embargo había aprendido a vivir
tranquilamente en medio de la
paz
que todo aquello le ofrecía. Â India amaba los pajaros y amaba el
  sentimiento que inspiran,
 amaba
su canto, ... les escribía constantemente versos y poemas que
le nacian del alma y
reflejaban sus
ilusiones.  Una tarde, mientras india observaba
extasiada las azules aguas de un
hermoso parajeÂ
donde se había dirigido, un ave dulce en extremo y de
extraordinario plumaje
se posó frente a ella y
comenzó a emitir los cantos mas hermosos
que India hubiera
 escuchado en su vida.  Aquel canto...
diferente totalmente a todos los
que había escuchado
 anteriormente, le invadió el alma, le invadió
el ser y se sembró en
su vida como un tatuaje
 indeleble.   India tomó aquel ave en sus manos,Â
la miro
detenidamente y
observó maravillada
 que todas las características que poseía eran justo las
que
conformaban sus anhelos, y quiso
 aquel ave para ella. Sin pensar en nada mas tejió un mundo
de
hermosas
fantasias e ilusiones
que giraban en torno al ave. Cometió muchos errores... Ya las
otras
aves, aún cuando eran
importantes no tenian de ella la misma atención y centró su vida en
torno al ave de
canto
celeste. Â Cerró sus ojos y
se negó a pensar que en realidad no le
pertenecia. Pasaron los días
y los meses y el ave continuó a su lado, pero un buen día, cuando
mas intensa era la
admiración y el
sentimiento que aquel ave le inspiraba, quizás
sintiéndose acorralada,
sintiendo que erraba, el ave necesitó
huir, necesito partir y volver
al azul de cielo, donde
pertenecía. Su misión era una diferente a la que estaba
realizando.
India lo comprendió, abrió
sus manos y las elevó para permitir que sucediera, que el ave volara y
volviera a su mundo.
 Lloró como nunca...lloraron sus ojos y lloró su alma, sintió
que su
mundo se
resquebrajaba, y
esa noche, en medio de su dolor, elevó sus ojos hacia el cielo y le
pidió a su Dios que le
diera una nueva luz, la verdadera, la que sólo EL puede proveer, y
Dios la escuchó. Aquella
noche India pasó
horas enteras hablando con su Dios, pidiendo una
explicación, y su Dios
lleno de inmensa sabiduria le hizo
comprender que nada pasa por
casualidad, que aquel ave
había pasado por su vida para mostrarle todo lo
bonito que puede ser
su canto...para que lo
conociera y para que lo llevara por el resto de su vida grabado
en el alma.
 Voló el ave...no su canto... ni su recuerdo!!
  La vida es justa y nada pasa por casualidad. Todo
tiene una causa, un
por qué, un cómo, un
 cuando y hasta un hasta cuando. Todos los dolores desaparecen,
aún los
mas intensos, pero
el sentimiento queda y es eterno. India vivirá por el resto de sus
días con el
recuerdo vivo de un ave que en algún momento sintió suya y que de alguna
manera lo fue,
solo que India
tiene
ahora el conocimiento y la convicción de que cada flor que se
marchita, abre paso a una
nueva
primavera, y de que su mundo esta lleno de cantos diferentes,
cantos fraternos, cantos
de aves que estan
dispuestas a adornar sus días con sus melodias. El
canto de los amigos y
las personas que la aman.
Seguramente en lo sucesivo india tratará de
conservar, alimentar y
hacer crecer esas aves y esos cantos que
se convertiran en millones
de luces que juntas
formaran una luz aún mas grande que aquella que un día por
ser tan
intensa y tan bonita la
deslumbró, la que aquel ave le ofrecía.
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