ANGELA, LA MARIPOSA NIÑERA
María Gabriela
García Ramírez (8
años)
Había una vez un jardín muy hermoso lleno de flores y lindas praderas cuidados por un jardinero llamado Juanito, un hombre que conocía y consentía mucho a Angela la mariposa, que era muy bonita y elegante, tierna y delicada, amorosa y ejemplar con las mariposas bebés orugas que cuidaba pues su oficio era ser niñera.
Angela, la mariposa niñera, todos los días se ponía prendas diferentes, es decir todos los días sus alas cambiaban de color. Angela no decía que se me coloquen las alas de tal color, sino que con solo chupar con su tubito que tiene en la lengua el néctar de las flores sus alas tomaban un tono especial, si eran rosas se le ponían de color rosado, si eran amapolas de color amarillo, si eran margaritas se le ponían blancas con amarillo, si eran girasoles se le ponían amarillo con pintas marrones y si se paraba en una orquídea sus alas se le colocaban en tonos morados y lilas, este último era su color preferido.
Angela está encargada de cuidar a los bebés recién nacidos, o sea a las orugas, a ellas les enseña a volar, a compartir en familia, a respetar a los demás y a quererse mucho mutuamente.
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Un día, después de que salió de su trabajo de camino a su casa cuando se posaba de flor en flor empezó a llover repentinamente, esto nunca le había sucedido y ella no sabía el riesgo que le representaba para su vanidad, pues de verdad verdad a Angela le gustaba mucho que la admiraran por su belleza y forma de vestir. A medida que sus alas se mojaban con la lluvia sus bellas alas empezaron a tomar diferentes colores, como cuando se destiñe al mojarse
una tela o un papel escrito con marcadores o pintado con temperas. Cuando se dio cuenta voló y voló todo lo que más pudo para tratar de que no se le siguieran manchando sus alas pero cuando llegó a su casa ya era tarde, se le habían manchado demasiado, Angela la mariposa niñera empezó a echarse remedios para tratar de volver a tener las alas de un sólo color pero todo fue perdido, era imposible. Cuando vió que no se le quitaba empezó a
llorar y a llorar porque a Angela le gustaban más las alas unicolores que
multicolores. |
Se quedó dormida por tanto llorar, mientras dormía se le apareció el Capitán Sebastián, era un grillo aunque muy trabajador, inteligente y colaborador, de nobles sentimientos, un animalito muy feito en su apariencia, usaba hasta gafas y era muelón. Sebastián el grillo era bombero, quien lo veía se reía de él y hasta se asustaban, eso era al principio porque cuando lo conocían lo querían mucho, lo respetaban y admiraban, por una única razón: el era un grillo especial, su belleza la tenía por dentro, era interior estaba en su corazón, en sus sentimientos y en su actuar. Ahí con él estaba Angela, cuando ella lo vió se asustó y
más lloraba, no sólo por sus alas sino del susto. E le preguntó que por qué lloraba, ella le contó su historia, él la de él y le aseguró que lo importante no era lo físico sino los sentimientos, que tuviera la seguridad que si ella era linda interiormente así la verían todos por fuera. Ella dejó de llorar porque él además de ser un gran consejero era chistoso, la hacía reír mucho y divertirse.
Cuando Angela despertó de su gran sueño salió a trabajar de nuevo, de camino a la guardería vio una mariposa viejita caída en la mitad de la calle, Angela la recogió, la llevó hacia la casa de la viejita; después se encontró con un incendió forestal y ella ayudó a rescatar a los insectos en peligro, finalmente al llegar a su trabajo le contó a los niños que cuidaba su historia, ellos cada momento la veían más linda. Al final le dieron un abrazo y un beso y luego que terminó de cuidarlos Angela se fue a casa y vio al grillito en la puerta de su casa, ella salió volando muy rápido muy rápido para abrazarlo y decirle lo mucho que había aprendido con él.
No había sido un sueño su encuentro con el grillo Sebastián todo era real, Angela y Sebastián se convirtieron en los mejores amigos del mundo.

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