Al ver, en el jarr�n, mustias, las rosas
que esta misma ma�ana he recogido,
de pronto y con dolor, he comprendido
que el alma, son, los ojos, de las cosas.
Si con amor las miras, amorosas
lucir�n, para ti, el mejor vestido;
si con desd�n, con odio o con descuido,
sus formas se har�n tristes y fragosas.
Mis pupilas se agrisan con los d�as
y todo cuanto miran se entristece,
No es pues, vuestra la culpa, rosas m�as,
si vuestra luz tan presto se adormece,
que en tierras que, de amor, est�n bald�as,
nada puede nacer y nada crece.
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En las nubes te busco... en los perfiles
que esculpe sobre el cielo la monta�a.
En el canto del ave que se ensa�a
grit�ndome tu nombre en los cantiles.
En los reflejos, breves y sutiles
con que el sol de la tarde el mar ara�a,
En la voz de cristal que mi o�do enga�a,
mezclada entre las risas infantiles.
As� te busco, amor, impenitente,
mientras cada ma�ana, es la primera
en que mi mano encuentra tu vac�o.
Y es que el tiempo, a tu ausencia, indiferente,
me hace seguir, contra corriente, el r�o,
hasta que halle tu rastro o Dios lo quiera.
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