LOS DIAS DE MIS NOCHES
(o Pero Abril era yo)

Cristina Sandoval


Fue una noche intranquila. Abril había estado llorando toda la tarde hasta que la venció el sueño, pero aún así no durmió bien. Se despertaba sobresaltada a cada rato sintiendo cierta zozobra en el alma.
A la mañana siguiente, abrió los ojos con dificultad y poco después, cuando se disponía a empezar sus actividades, se dio cuenta de que no había nadie en casa.

-Habrán ido a comprar algo- pensó- voy a esperarlos un poco-. 
Pero pasaron casi dos horas y no llegó nadie, llamó a gritos a su familia, pensando que alguno estaría dormido, sin embargo no obtuvo respuesta.

-Está bien, tendré que empezar sin ellos- dijo. Y se dirigió a la cocina, se preparó unos huevos fritos, pan tostado y café, su desayuno predilecto.
Lo comió todo tan a prisa, que cualquiera hubiera dicho que llevaba días sin probar bocado. Mientras terminaba de desayunar, Abril organizó mentalmente los quehaceres que tenía que realizar durante el día: hacer limpieza, preparar la comida, estudiar un poco y practicar un poco de ejercicio por la tarde. Hacía ya mucho tiempo que evitaba salir de su casa por instrucciones de su doctor, ya que Abril padecía una extraña enfermedad y este le había ordenado dejar todas las actividades que hacía fuera de casa; así que Abril, un poco renuente, abandonó la universidad, los paseos con sus amigos y todas las cosas que hacía con tanto gusto, pero que poco a poco la habían ido debilitando.

Al paso de las horas, cayó en la cuenta de que estaba obscureciendo y nadie llegaba, así que decidió hacer unas llamadas telefónicas para localizar a sus hermanos. Nadie contestó sus llamadas.

-Es como si todos se hubieran puesto de acuerdo para irse hoy- pensó extrañada.
El reloj marcaba ya las once y media de la noche y Abril, a pesar de no haber trabajado mucho, se sintió cansada. Al poco rato se quedó dormida en el sofá sin darse cuenta.
Así pasó la noche, esperando a sus padres y otra vez no pudo dormir bien; escuchaba voces y ruidos extraños y despertó creyendo que por fin llegaba su familia, pero al abrir los ojos comprendió que todo era un sueño, seguía sola.

Se levantó al amanecer y recorrió toda su casa tratando de abrir las puertas de los dormitorios, pero todas estaban cerradas con llave. 
Comenzó de nuevo con sus actividades y otra vez pasó el día esperando en vano que alguien apareciera.

Una noche más sin dormir, ruidos, llantos, gritos; Abril dormía a ratos y a ratos se despertaba preguntándose dónde estarían todos.
Así pasaron varios días con sus noches y Abril seguía intentando localizar a su familia, llamó por teléfono a todas sus amistades, pero nadie contestaba; solamente un día contestó una mujer muy enojada que sólo decía:"¿qué horas son estas de llamar?, no estén molestando". Al parecer ni siquiera escuchó la voz de Abril.
Pretendió hacer más llamadas, sin embargo no lo hizo porque comenzó a sentir miedo de escuchar la voz del silencio.
Salió al jardín esperando ver a alguno de sus vecinos para preguntarles si sabían algo de sus familiares; estuvo varias horas y ninguno salió. Estaba a punto de meterse a su casa, cuando vio que su amigo que vivía en la acera de enfrente llegaba, éste bajó de su carro y antes de que se dispusiera a entrar, Abril empezó a gritarle por su nombre: "¡Rafael!, ¡Rafael hazme caso!". Tampoco él la escuchó.
Entró a su casa sin saber qué pensar. ¿Porqué todos la ignoraban?; era como si Abril se hubiera vuelto invisible, como si hubiera dejado de existir.

Un extraño escalofrío recorrió su espina dorsal y le entró un ataque de pánico: "¿y si mi familia me abandonó?, ¿si ya nadie quiere saber nada de mí y por eso me evaden?". Mil ideas pasaron por su mente, pero en ninguna encontró consuelo.

Ya no sabía qué hacer, odiaba el silencio, odiaba la soledad.
Abril pasaba las tardes llorando en los rincones de su casa con la esperanza de que alguien regresara, pero llegaban las noches y nadie volvía.
Dejó de comer, dejó de interesarle la vida, tan sólo tenía miedo, tan sólo quería llorar.
Por las noches todo era más difícil, Abril trataba de dormirse para ya no pensar, pero el insomnio la atacaba y pasaba la noche en vela escuchando lamentos que la llenaban de miedo. No entendía porqué escuchaba llantos si nadie la acompañaba, estaba absolutamente sola.

-Me estoy volviendo loca, yo sé que me estoy volviendo completamente loca- pensaba y este simple pensamiento la deprimía más.
Los días transcurrían en absoluto silencio, sin embargo las noches estaban plagadas de ruidos, de palabras lejanas, de lágrimas de gente que nunca lograba ver.
Una de esas noches, creyó reconocer la voz de su hermana y el llanto de su madre; las llamó, las buscó, pero fue inútil, no había nadie en su casa.

-No puedo seguir así, mañana voy a salir a buscar a alguien, a quien sea, necesito saber qué está pasando- pensó para sus adentros.
Y pasó el resto de la noche planeando a dónde ir, a quién preguntarle o dónde empezar a buscar a su familia.

A las primeras horas del día siguiente, Abril ya estaba lista para salir, se sentía débil, pero no le importó; tomó un poco de leche y salió de su casa olvidando los consejos que hacía tiempo le había dado su doctor.
Empezó a recorrer su vecindario, pero no había gente en las calles, siguió caminando hasta llegar a un lugar donde nunca antes había estado; tampoco allí había gente. Se le ocurrió tocar el timbre de una casa pensando que como era muy temprano, todavía no despertaba nadie, pero nadie salió. Lo mismo hizo en las demás casas, llamó a todas las puertas y nunca abrieron ninguna.
Ni siquiera se escuchaban ruidos, no se veía ningún movimiento ni dentro ni fuera de las viviendas. Ya le faltaban fuerzas, pero siguió caminando con la inútil esperanza de entender lo que ocurría.

Después de varias horas de recorrer calles, se sentó desesperada en una banqueta y comenzó de nuevo a llorar.
-Ya no puedo más, ¿qué pasa, porqué no hay nadie?; ¿es acaso que todos dejaron de existir y yo me quedé sola en este mundo?-.
Y lloraba tanto y era tal su descontrol y su desasosiego que no se percató de que a unos cuantos pasos estaba una persona que pronto se le acercó.

-¿Ya vas a dejar de buscar estupideces y me vas a dejar en paz?, ¡Yo no tengo la culpa de que tu sigas aferrada a este lugar!- le dijo a Abril; ésta volteó rápidamente a ver quién le estaba hablando de esa manera, pero al darse cuenta de quién era, se llenó de terror; la persona que le hablaba era ella misma.
-No, no puede ser- alcanzó a decir, pero al momento se quedó muda.
Sin embargo Ella, 'su otra ella' continuó: 
"Llevo días buscándote, llevo noches siguiéndote, tratando de entender qué diablos sigues haciendo aquí y porqué no me dejas descansar. ¿Porqué no quieres irte de este lugar si ya no formamos parte de él?". Y se quedó mirándola por varios minutos hasta que Abril pudo decir: "es que no entiendo lo que pasa".
En ese momento, Ella, 'su otra ella' se llenó de cólera y empezó a gritarle a Abril:
"¿Qué es lo que no entiendes, que ya estás muerta, que ya estamos muertas?, ¿es eso lo que no comprendes?. Mira Abril, yo también pasé por lo mismo que tú, yo también creí que seguía existiendo y busqué a nuestra familia y también lloré y escuché voces, pero yo sí comprendí pronto que todo eso era porque ya estaba muerta".

Y prosiguió: "¿qué no te das cuenta?, nadie te ve, nadie te escucha, no encuentras a nadie, pero realmente todos siguen ahí; es tan sólo que para los muertos todo es al revés, tú ves el sol en las noches y la luna en los días. Por eso escuchas los ruidos de ellos en tus noches, por eso no los encuentras en tus días, pero de todas maneras ellos ya no te ven, ya no te escuchan; siguen llorando por ti, por mí, pero ya no pueden hacer que regresemos. ¿No entiendo cómo no te percataste de todo esto?, ¿tuve que venir hasta acá para explicarte algo tan sencillo como que ya estás muerta?".
En ese momento Ella, 'su otra ella' se quedó callada y sólo se escuchaba el llanto de Abril.
Y estuvo llorando toda la tarde hasta que la venció el sueño.
Y a la mañana siguiente abrió los ojos con dificultad y cuando se disponía a levantarse para empezar a hacer sus actividades, escuchó una voz que le decía:
"¡Abril, ya déjame descansar, ya no te puedes salir del ataúd!"
Y Abril se volvió a acostar, cerró los ojos y por fin pudo dormir tranquila.
Y Ella, 'su otra ella' también.

 

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