CEREMONIA PRIVADA
Del libro: "Nuevos Escritores Peruanos en Norteamérica" © 2001

Mara García


Un día igual a todos, pero sólo en apariencia.  Caminé unos pasos y en vez de gritar me quedé muda ante lo que veían mis ojos. Era sin duda una ceremonia privada...

María, nuestra sirviente, de muchacha fue muy  juiciosa hasta que el amor picoteó y la mocita se enamoró de Justo, uno de los peones del fundo. El muy sinvergüenza dejó a la pobre chica con su bulto y se fue a la tierra de su abuela: Las Lomas. Ahora que me acuerdo, mi papá fue Gobernador de ese caserío, y allí conoció a mi mamá –pero eso te lo cuento en otra ocasión. Yo visité el lugar como en dos ocasiones y fue cuando era muy chica. Pero esto es traer a colación lo que no viene el caso. Sigamos con la historia que empecé.

Ahora puedo escribirla porque ya pasaron muchos años, pero cuando me acuerdo se me pone la piel como carne de gallina. Pero déjame apagar el equipo, está tocando la música de Pavarotti –creo que se escribe así– me ayudas o lo corriges. Bueno, ahora está más tranquilo y puedo continuar con mi narración.

Finjamos que no sucedió lo que pongo en esta hoja, que el numen me lo dicta. En realidad sí ocurrió y la memoria no me traiciona. Aunque, tal vez, tu dirás que los años han confundido la escena. Pues, déjame decirte que si no lo recordara, ni lo escribiría, ni perdería mi tiempo dándole una forma que sea fácil de entender...  Retrocedí unos pasos y salí corriendo para la pirca. Aunque no era muy tarde, los peones estaban caleando y hablando de no sé qué. Uno de ellos me miró sorprendido y me preguntó: 
—¿Qué pasa niña, Lucerito?. 
Yo sólo dije:
—La Ma... la Ma...— y lo llevé al cuarto,  jalándole de su mano, me acuerdo. María seguía durmiendo, dando de mamar a su recién nacido. Cuando ella sintió nuestros pasos, rápidamente bajó su mosquitero. Todo el cuarto tenía un olor a leche, yo odio ese olor. El peón volvió a su grupo sin decir palabra y sin comprender mi palidez.

Era la hora de la merienda, y mi abuelita llamó a todos sus peones para que probaran el famoso caldo de 
habas. Yo inventé que tenía dolor de estómago, en  reemplazo me dieron una taza de hierba Luisa... Alguien 
comentó que cerca de la acequia que daba a la Huerta  Fina, uno de los peones había matado una culebra con 
una varilla. Otro agregó que, de repente, era la del  tamarindo, y que la planta se secaría sin su animal. Yo 
seguía tomando la hierba Luisa y escuchando sus  comentarios, entonces, sin sentido para mí. El primero 
mencionó que la culebra ante el impacto del varillazo le reventó la leche. Mi abuela dijo que tal vez se mamó la 
leche de su vaca pintada. Yo preferí callar y no dije ni  una sola palabra... 

Ahora, después de muchos años, puedo relacionar las conversaciones de esa noche con lo que  sucedió en el cuarto de María. Tal vez lo soñé... pero yo nunca duermo durante el día. 

No demos más rodeos al asunto y déjame que  termine que ya estamos llegando al final. Yo sé que  sucedió y si tú no me crees, no te voy a obligar a que lo hagas. Si alguna vez lees esto y te surge la duda, deja la  lectura, pero si realmente crees que he dicho la verdad,  continúa... Aquí te lo dejo por si acaso te encuentres en  una situación semejante... 

Ese día entré en el cuarto de la muchacha porque quería ver a su bebito. En puntillas caminé para no hacer 
ruido. No sabía que María estaba allí. Había un ruidito  casi imperceptible: BZZZZZZZZZ. Sólo pude ver un 
arquito blanco formado por la leche. Allí estaba una  culebra como de un metro de longitud succionando el 
pecho de María a una distancia de unos 15 centímetros. Era como si aspiraba la l eche desde lejos... posiblemente 
para que ésta no despertara.  Nunca se lo dije a nadie y no sé por qué ahora te  lo cuento. El tamarindo siguió creciendo, pero el chamaquito se fue secando hasta que un día dejó de existir...  Dicen que cada planta tiene su propio animal... Ahora  me pregunto, si la culebra que mataron era el del  bebito... ¿Qué piensas tú? 

Mara García, peruana. Ha publicado artículos críticos, entrevistas con escritores hispanoamericanos y obra creativa en revistas literarias en los Estados Unidos y otros países.


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