JUDIT

Globalizar la Resistencia

Miguel Ramondetti

"Entonces, Judit sacó de la bolsa la cabeza de Holofernes y la mostró al pueblo. - Aquí tienen la cabeza de Holofernes, general en jefe del ejército asirio. El Señor lo mató por la mano de una mujer- ". (Judit, 13,15 -de la Biblia judeo-cristiana)



RECUPERAR EL PASADO 
Apenas abrí la puerta de calle de la vieja casa que volvió, después de muchos años, a servirme de vivienda transitoria, sentí que el "operativo" sería un éxito. Había sido organizado hasta en sus más mínimos detalles. 
El frío húmedo de aquella mañana porteña golpeó mi cara. La calle Darwin del barrio Villa Crespo estaba casi desierta en aquel momento. Eran las 6:40am.
Según los cálculos, a las siete en punto, caminando lentamente, llegaría al lugar supuestamente clave. 
Tomé hacia la izquierda, con la atención, según se había convenido, puesta en cada detalle del paisaje y en cada cosa que sucediera a mi alrededor. 
A los pocos metros cruzaba la primera esquina, rumbo a la Avda. Corrientes. Miré el cartel que indicaba el nombre de la calle trasversal: J. Ramírez de Velazco. 
Aquel primer detalle no significó para mí absolutamente nada. Atento, y con cierto temor al fracaso, seguí caminando hasta el segundo cruce, la calle Vera, que tampoco despertó en mí recuerdo alguno. 
Una cierta sensación de desaliento se iba apoderando de mi ánimo. ¡Había puesto tanta esperanza en aquella experiencia que un fracaso hubiese significado, quizá, un derrumbe definitivo o, al menos, algo difícil de superar...! 
Hacía meses, según la pobre percepción del tiempo que entonces yo tenía, que soportaba con esfuerzo aquella extraña sensación de presente sin pasado. 
El único recuerdo que registraba mi memoria era lo vivido por mí a partir del momento en que, según me habían contado, recobré el conocimiento en una sala del Hospital de Clínicas. Desde ese momento hacia atrás, una espesa nube negra, impenetrable y siniestra, ocupaba el lugar de algo que un vago presentimiento me hacía sospechar interesante y un sentimiento profundo me lo presentaba como necesario para ser alguien, para hacer algo de mi vida. 
Según los especialistas, aquel pasado sumergido en la bruma de una amnesia profunda sólo podría ser recuperado mediante un "shock" exclusivamente proporcionado por algún objeto, situación o circunstancia vivida con intensidad en ese pasado arrebatado a mi memoria. 
Con temor, pero con firmeza a pesar de todo, seguí lentamente mi camino por Darwin al 700. 
Fue de repente. Una especie de "click" en mi cerebro. Algo que sucede casi fuera del tiempo. Una pequeña fracción de segundo. 
Con mi atención puesta en cada detalle, al principio de manera incomprensible e inexplicable, tuve una rara sensación al ver aquella reja negra de hierro forjado de la puerta de una casa que, a partir de aquel instante, dejó de ser para mí una de las tantas de la cuadra. 
- Esto lo ví antes, exclamé interiormente. 
Fue la primera sensación, el "click" que comenzaría a descorrer aquella densa cortina negra que hacía tiempo soportaba a mis espaldas. 
Lenta, pero claramente, comencé a sentir la exultante sensación de estar recuperando una parte de mi pasado. 
Me acerqué más. Pocos eran los otros detalles conocidos. Comprendí enseguida que la casa había sido remodelada, respetando casi exclusivamente aquella reja que sirvió para mí de disparador de todo un proceso. 
Los recuerdos volvían, arremolinándose, confundiéndose al principio, multiplicándose luego rápidamente. 
Cada hecho recordado generaba, apenas aparecido, otros también fecundos en su capacidad de inducir recuerdos. 
Miré hacia la derecha, buscando la casa de al lado. La que vi no respondía a la que aparecía en mi imaginación. Ya no estaba allí, con Don Manuel en la puerta de su panadería. Nítidamente apareció el recuerdo de aquel hombre bueno, que fiaba a mi madre el "pan de ayer" que le vendía mucho más barato que el "fresco". El mismo que esperaba que, yo y mis compañeros, le pagáramos el sábado los biscochitos de grasa que le comprábamos los días de horas extras. 
Apoyé la frente sobre la reja, tratando de mirar hacia el interior por el vidrio que estaba detrás. Nada de lo que alcanzaron a ver mis ojos me resultaba conocido. La reforma lo había cambiado todo, excepto la reja que sirvió para despertar mis recuerdos. 
Sin embargo, no me cabía la menor duda: aquella era la casa donde funcionara el taller que me había proporcionado trabajo durante los duros años de mi adolescencia. 
Un matrimonio de italianos, ancianos gruñones pero muy queribles, empleaban un pequeño grupo de chicos del barrio para producir artículos de cotillón. Allí habían transcurrido muchas horas de mi lejana infancia, que ahora sentía felices. 
Eran las 7 de la mañana. A esa hora, por aquella misma puerta ?¿hacía cuánto tiempo??, entraba, con mis compañeros, todos los días laborables. Ese detalle también contribuía a aquella multiplicación tumultuosa de agradables recuerdos recuperados. 
Intenté abrir la puerta. Estaba cerrada con llave. Y opté por continuar mi camino, en cumplimiento del plan establecido. 
La emoción de aquel encuentro repentino con mi pasado me hubiese impedido articular palabras si lo hubiera intentado. De todos modos, a pesar de un deseo enorme de comunicar a alguien aquella experiencia, resultaba imposible hacerlo: no había nadie a mi alcance. Seguí caminando hacia la Avda. Corrientes. 
El barrio había cambiado mucho. Algunos detalles servían todavía para reforzar mis recuerdos y aumentar la sensación de que aquello "me pertenecía". 
La presencia en la vereda de una cabina telefónica despertó en mí un deseo vehemente de volver al pasado que acababa de redescubrir. De una manera que sentía irracional pero irresistible, penetré en la cabina, en la que me esperaba una primera sorpresa, cuya causa no alcanzaba a comprender: con la moneda en la mano, no pude encontrar la ranura que, según mis recuerdos, debía recibirla para lograr la comunicación. A pesar de eso, instintivamente levanté el tubo y escuché el tono que me invitaba a hacer uso del aparato. Maquinalmente marqué, de manera casi inconsciente, el número que, a pesar de los años transcurridos, recordaba claramente: 54-0553. 
En lugar de la voz gangoza y gruñona de mi viejo patrón de antaño sonó, metálica e indiferente a cualquier sentimiento humano, la de la operadora virtual que me informaba: "Telefonía Internacional informa que la característica recibida es inexistente. Consulte llamando al 110. Muchas gracias". 
Yo sabía que no tenía sentido seguir aquella sugerencia estandard de una operadora inexistente, porque no se trataba sólo de un error en la característica... Mi intento de llamada estaba fuera del tiempo. 
Opté por salir de la cabina y continuar mi camino. El operativo estaba todavía lejos de concluir 
Crucé Humboldt y allí volví a encontrarlo, como en las antiguas épocas de pantalón corto y vacas flacas. Parecía que, para él, el tiempo tampoco existiese. Casi todo a su alrededor se había transformado, pero él seguía allí, firme y servicial como siempre. Pintado de rojo y su boca siempre abierta, en actitud de espera: el viejo "buzón de la esquina", que durante mucho tiempo se resistió a que un cuentero del tío lo vendiera a algún incauto "pajuerano". Hasta que llegó el gran remate de todo lo que no fuera "privado". Entonces también él cayó en la volteada. A pesar de todo seguía firme en sus raíces. 
En aquel momento, se convirtió en otro disparador de recuerdos de las penurias y alegrías de una infancia difícil pero relativamente feliz, compartida con una madre heroica y dos hermanas entrañables. Todo esto se agregaba a mi cerebro que acrescentaba sus dimensiones a medida que incorporaba retazos de un pasado hasta entonces olvidados. 
Dos cuadras más y estaba frente a la entrada de la estación Dorrego del Subte B. Ella también había cambiado mucho, pero el respeto y el buen gusto de algún funcionario permitió conservar un detalle, evocador de otras épocas, que yo llegué a apreciar mucho en ese momento: en placa de bronce, la vieja inscripción en relieve, tan familiar: "Al Centro". 
Y comencé a bajar los escalones, apoyándome suavemente en el pasamanos que también me resultó familiar. 
Al penetrar en el hall de acceso al andén, me topé con la segunda sorpresa: las boleterías y los molinetes que controlaban la entrada de pasajeros habían desaparecido. Con un cierto temor a cometer una infracción, penetré en la zona de andenes. 
Mientras esperaba el tren que me condujese al centro de la ciudad, advertí, sorprendido, la tercera "anomalía". Enormes pilas de diarios eran prácticamente "saqueados" por los pasajeros sin que nadie les exigiese retribución alguna. "Distribución gratuita", pensé acercándome a una de ellas, que resultó ser, casualmente, la del matutino de mi preferencia, antes del día de la Gran Represión, comienzo de mi larga noche de amnesia total. 

SOÑAR EL FUTURO 
Tomé un ejemplar, con el tiempo justo para entrar en uno de los vagones del tren que acababa de llegar. 
Como todos mis compañeros de viaje, cómodamente sentado, comencé a ojear el ejemplar de Página/12. En cuerpo "catástrofe", el enorme titular se imponía sobre el resto de noticias de la portada: "Judit será ubicada definitivamente en el antiguo Museo Vaticano". 
Con ansiosa curiosidad devoré el copete, resaltado en negritas: "La mega-computadora que el consenso mundial acordó bautizar con el nombre de la heroína bíblica del antiguo pueblo judío que, según el legendario relato, liberara a su pueblo cortando de cuajo la cabeza de Holofernes, el jefe máximo de los opresores asirios, será traslada por disposición del gobierno universal. Instalada para siempre en el salón más famoso del histórico Museo Vaticano, antiguamente llamado Capilla Sixtina, estará rodeada por los hermosos frescos del gran pintor florentino, Miguel Angel Buonarotti". 
La lectura del resto de la nota fue el comienzo de mi introducción al conocimiento de la nueva realidad que me esperaba. 
Una primera revelación me conmovió profundamente, por la trascendencia que eso podría significar con respecto a la profundidad de los cambios operados en el planeta, durante mi "ausencia". Gracias a la comprensión de un nuevo y dinámico Papa, que respondía al nombre de Juan XXIV, el Museo Vaticano y otras instalaciones dejaron de pertenecer a la Iglesia Católica, para convertirse en patrimonio de la humanidad bajo el patrocinio de las Naciones Unidas y el Gobierno Universal. 
Allí fue a parar, según la noticia más importante del día, la famosa "Judit". Pero ¿quién era Judit? 
El texto que leí con ansiedad no aportaba grandes detalles. Parecía tratarse de una materia bien conocida por la opinión pública. Sólo saqué en limpio que se trataba de una mega-computadora, protagonista, en algún momento que no acertaba a situar en el tiempo, de una "travesura" que había contribuido a cambiar el curso de la historia. 
Cuanto más avanzaba en la lectura de la nota más aumentaba en mí la intriga sobre lo realmente sucedido. 
Esto me llevó a tomar una resolución: encontrar canales de información que me permitieran completar mi conocimiento sobre Judit y su hazaña, para saciar así la curiosidad que me embargaba. 
Intuía que se trataba de una cuestión clave para llevar a buen término el operativo que, en su primera etapa, había logrado totalmente su objetivo: salir plena y definitivamente de mi estado de amnesia. Ahora faltaba ingresar, lo menos traumáticamente posible, en lo que mis "estrategas" habían llamado insistentemente el "nuevo mundo" que me aguardaba. 
Mientras tanto, el tren se acercaba a la estación Carlos Pellegrini. Decidí bajar y salir a la superficie. 
Como suponía, él también seguía estando allí. Tan blanco, erguido e inútil como siempre. Recordé, al verlo, el tiempo de mi infancia en que fuera construido. El detalle, que sobresalía en mis recuerdos de esa época, era la exigencia de mi maestro en la escuela nocturna de que tratáramos de dibujarlo en nuestros cuadernos. Recordé especialmente que nunca había podido ubicar en el dibujo las 3 líneas verticales que debían cerrarse simétricamente en los triángulos que armaban la punta. Jamás logré en mi dibujo aquella armónica simetría que envidiaba en las fotos que debíamos copiar. El mío siempre aparecía ridículamente chueco. Como lo hacía entonces mirando mis defectuosos dibujos, volví a exclamar para mis adentros: "¡pobre obelisco!"... 
Busqué la dirección en el ejemplar de Página/12 que llevaba conmigo y me dirigí a su redacción. Al rato, estaba cómodamente sentado en la sección archivo, ante una pila de periódicos de otras épocas, vigilado por un empleado que miraba, un tanto asombrado, la fruición y el interés con que yo devoraba las páginas amarillentas de aquellos números atrasados. Seguramente no podría entender que aquello fuese todavía noticia para alguien en este planeta. Es probable que sólo lo fuese para mí. Y ciertamente lo era... 
Cada incógnita que mi lectura develaba engendraba nuevos interrogantes. Mi excitación era, por momentos, desbordante, a medida que mi ánimo asumía un estado de euforia que pugnaba por descontrolarse. 
¡Lo sucedido durante mi "ausencia" superaba todo lo soñado en tantos años de lucha y sacrificios!. El mundo soñado por tantos que habían sacrificado lo mejor de sus existencias, hasta la propia vida cuando las circunstancias lo exigían, se había concretado. 
La sociedad de hermanos, que tantos habíamos soñado en una opción desafiante y a veces heroica, era una realidad, estaba allí y había llegado, al parecer, para quedarse definitivamente. Lo había hecho, según aquellos épicos relatos de días pasados, de la mano de una espectacular presencia de las masas en las calles y las plazas de todo el mundo. 
Y cuando hizo falta la gota que rompiese el equilibrio entre esa presencia masiva y el poder perverso de una represión sin escrúpulos, apareció Judit, con su aporte de racionalidad, con su cuota de demostración científica que completara el "voluntarismo" empírico de las masas, movilizadas por el hartazgo y la reacción que produce la exclusión y la indigencia del abajo, la arrogancia y la soberbia del arriba, la injusticia flagrante y despiadada de un sistema esencialmente perverso. 
Con todo esto rondando en mi cerebro como un torbellino desbocado, volví a la calle. 
El aire fresco de la madrugada porteña contribuyó a que me sintiera más despejado y con ganas de procesar, de algún modo, serenamente aquel conjunto de impactos. 
Busqué un rincón tranquilo en un bar de la Avda. Corrientes, pedí un café doble y bien cargado y abrí sobre la mesa el cuaderno que acababa de comprar en el kiosco de al lado. 
Las ansias enormes de comunicar mi fabulosa experiencia de aquella larga jornada me impulsó a escribir con una velocidad casi delirante. Los recuerdos y las ideas aparecían a borbotones y circulaban con la velocidad del rayo en mi pobre cabeza, que parecía estallar en una mezcla de satisfacción y alegría, de ansiedad y temores aparentemente infundados... 
A medida que el escrito avanzaba y las ideas zafaban, una a una, del caos inicial, para comenzar a conformar un orden más lógico, surgían las lagunas que se transformaban en interrogantes precisos, sin posibilidad de respuesta inmediata. 
Fue entonces cuando una sombra se proyectó sobre el papel. Alguien se había sentado a mi mesa. 
- ¡Hola!, dijo una voz que me resultó familiar. 
Levanté la vista sorprendido y reconocí enseguida la cara sonriente de mi psiquiatra, uno de los cuatro "estrategas" del operativo. 
Al advertir mi sorpresa, se apresuró a tranquilizarme. 
- No tema. Todo está en orden. Durante todo el recorrido hemos seguido sus pasos de cerca. 
- ¿Quiénes?, pregunté un tanto intrigado. 
- Sus "estrategas", me respondió sonriente y con cierta ironía, utilizando aquella expresión de mi autoría. El "equipo" en pleno, que no podía dejar de controlar la marcha de los acontecimientos de los que Ud. hoy ha sido protagonista. Hemos resuelto que sólo yo me contactara directamente con Ud. y aquí estoy. 
Sabemos que todavía existen interrogantes en su mente y es éste el momento de responderlos para completar el "panorama" de su recuperación y, sobre todo, su inserción en la nueva realidad. 
Una sola pregunta mía sirvió de disparador para un discurso donde se mezclaron respuestas a interrogantes reales con otros elementos que yo ya había descubierto pero que, de todos modos, me complacía escucharlos de boca de aquel hombre al que tanto le debía. 
- Mi primera pregunta, a la que no encuentro respuesta en mi memoria recuperada, le dije, es cuál fue la causa de mi amnesia. 
- Suele ser normal, comenzó diciendo, que no se pueda recordar los acontecimientos inmediatos, anteriores y posteriores, al hecho traumático. 
Y comenzó su largo y, para mí, excitante relato: 
- Fue el día de la Gran Represión. Buenos Aires, como todas la ciudades del mundo, había respondido con una unanimidad nunca vista al llamado de las organizaciones internacionales que proclamaron la "Globalización de la Resistencia". En todas ellas se habían creado filiales de esas organizaciones que, a pesar de sus extracciones y objetivos diferentes, coincidían férreamente en esa propuesta de globalizar la resistencia al llamado "modelo neoliberal", que había llevado a las mayorías a un estado de marginación y exclusión social insoportables, había colocado el planeta al borde del caos y a la propia especie humana al de su extinción. Este panorama les permitía, a esas organizaciones, superar fácilmente sus diferencias y elaborar propuestas comunes y convocatorias para la acción masiva. 
Aquel día, Buenos Aires vivió lo que nunca antes había experimentado. México, Brasilia, París, Londres, Washington, Tokio, Nueva Deli y el resto de las grandes ciudades del planeta se vieron inundadas por las multitudes que respondían, con unánimidad, a la convocatoria universal. 
El aspecto más movilizador era, precisamente, aquella dimensión planetaria del hecho, que infundía ánimos y esperanzas de cambio en una situación que se había tornado universalmente insoportable para la inmensa mayoría de los seres humanos. 
Evidentemente, como podrá imaginar, el Antiguo Régimen, como se denomina ahora a aquel pasado nefasto, sentía como nunca el peligro de su derrumbe definitivo y reaccionó con toda la energía que aún le quedaba, que no era poca en aquel momento. 
Por supuesto que los primeros embates represivos de la policía, la gendarmería y la prefectura marítima mancomunadas fueron rápidamente desbordados en algunas horas de violentos enfrentamientos. Ya entonces hubo muertos y heridos entre los manifestantes. 
Fue en ese momento, según el relato posterior de sus compañeros, que un policía en desbandada golpeó fuertemente su cabeza. En estado de coma profundo fue retirado de la manifestación y conducido al Hospital de Clínicas. El equipo de neuro-cirujanos se hizo cargo de su caso. Varias intervenciones lo volvieron a la vida consciente, pero no lograron restablecer su memoria. Nuestra posterior intervención en su caso elaboró eso que Ud. viene llamando el "operativo", que hoy culmina exitosamente y cuyo desarrollo conoce Ud. mejor que yo. 
Mientras Ud. era atendido en el Clínicas, los acontecimientos en las calles y plazas, cada vez más violentos, seguían su curso . 
Al ser desbordadas las llamadas "fuerzas del orden", como sucediera en menor escala en otras ocasiones, el Ejército con sus tropas, la Marina con sus infantes y la Aeronáutica con sus bombardeos en algunas zonas más concentradas consiguió dominar la situación. 
Algo parecido había sucedido en el resto del mundo. 
La evaluación final que realizara luego el Plenario de Organizaciones convocantes en Nueva Deli (India) coincidía con la sensación generalizada a nivel de las bases en casi todas partes: la batalla perdida había demostrado que el triunfo final estaba de parte de los "Resistentes". 
Sin embargo, nadie atinaba a señalar con seguridad y precisión cuál sería el nuevo elemento capaz de romper definitivamente el equilibrio logrado entre los bandos en lucha... 
Sentí, de pronto, deseos de seguir escuchando aquella narración de hechos para mí tan entrañables, a los que se me había vedado el acceso directo. 
- ¿Su versión sobre Judit?, pregunté con entusiasmo. 
- Encantado, me dijo el hombre con manifiestas ganas de seguir con su discurso. 
- La sensación predominante, después del gran enfrentamiento del pueblo en la calle con el poder perverso del Antiguo Régimen fue el de un equilibrio de fuerzas. Todos sentíamos que era imprescindible introducir algún nuevo elemento en nuestra estrategia de lucha, capaz de romperlo y producir el cambio. Un elemento energizante, que dinamizara aún más aquella convicción generalizada de que el mundo propuesto y construido sobre las bases del egoísmo y la competencia, donde el más fuerte triunfaba siempre sobre el más débil, con los resultados ya conocidos, era absolutamente inviable. 
Lo sabían las masas expulsadas de la sociedad que les perteneciera y comenzaban a advertirlo los propios beneficiarios de una situación general que, en definitiva, de manera diferente, perjudicaba a todos y tornaba inviable la sobrevivencia de la vida en el planeta. 
Judit fue la que introdujo, de la manera menos esperada, el elemento que contribuyó a romper ese equilibrio de fuerzas a favor del cambio definitivo. 
Ud. ya sabe que Judit es el nombre que el pueblo en la calle le dio a la mega-computadora a la que conferimos atributos de "heroína". 
Se trataba, en aquella época, de la computadora más potente y sofisticada, montada según la última palabra en tecnología cibernética "de punta", como se decía entonces. 
Había sido encargada por la multinacional más poderosa de la época, que ostentaba el nombre de "Olof-Hermes & Company". La rica inventiva que tienen las masas movilizadas transformó Olof-Hermes en Holofernes, nombre de un personaje que, según una leyenda bíblica, era el jefe guerrero de los asirios, opresores del pueblo judío. 
Según esa leyenda, las fuerzas opresoras, comandadas por el feroz Holofernes, tenían cercadas a las del pueblo judío, incapacitadas de librarse del cerco. 
Aparece entonces en escena una hermosa y valiente mujer judía, que se introduce en el campamento enemigo y se las ingenia para ofrecer sus "servicios" al jefe Holofernes. Prendado de su hermosura e inteligencia, éste la invita a su tienda, donde pasan la noche en un banquete durante el cual, con halagos e insinuaciones, Judit consigue dormirlo bajo la influencia del alcohol. Llegada la madrugada, Judit logra, mediante un ardid, abandonar el campamento de Holofernes y penetra en territorio de sus compatriotas. En la bolsa de la comida, lleva la cabeza de Holofernes que expone a la vista de los judíos, quienes logran organizar el contraataque que consigue derrotar a un ejército acéfalo y desorientado. La victoria fue total y definitiva y Judit se convirtió en una de las figuras emblemáticas de la historia de los hebreos. 
Pero aquí, los hechos protagonizados por nuestra Judit contemporánea sucedieron de la siguiente manera: La tarea específica que Olof-Hermes & Company había encomendado a su mega-computadora se centraba sobre el concepto de "rentabilidad". Su tarea era proporcionar toda la información posible, en el campo financiero tanto como en el campo de la producción, acerca de lo que, en cada operación, fuese lo más rentable a los intereses de la Compañía. 
Para lograr ese objetivo, el softward de Judit había sido condicionado a los intereses específicos y excluyentes de Olof-Hermes. 
Nada que no respondiera a la órbita de esos intereses podría "motivarla" para aportar dato alguno. Se trataba de una rentabilidad acotada a los intereses de sus "patrones". Era, por lo tanto, una rentabilidad concebida en el ámbito de una feroz competitividad. 
En este sentido, su sistema operativo respondía plenamente a la esencia de la filosofía del sistema del Antiguo Régimen: una sociedad motorizada por la lucha, donde triunfa siempre el más fuerte. Una historia donde sólo sobreviven los "más aptos", como pregonara en el siglo anterior Carlos Darwin, en su teoría acerca del origen de las especies. 
- ¿Cómo se logró modificar esa configuración de Judit para que, en algún momento, dejara de responder a los intereses de Olof-Hermes y estar de acuerdo a la filosofía del Antiguo Régimen?, pregunté impaciente ante aquella narración que sentía un tanto minuciosa. 
- En un momento determinado, se operó un cambio en la conformación del softward de la computadora, lo que la impulsó a operar de acuerdo a la lógica universal, sin estar condicionada a intereses ni filosofía alguna. Lo que no se ha logrado descubrir es cuál fue la causa que produjo en ella aquella maravillosa transformación. Existen sospechas de que algunos técnicos contratados por la empresa eran, de hecho, militantes de las organizaciones de la resistencia, pero eso nunca pudo ser comprobado, ni interesó demasiado averiguarlo. 
El hecho es que, despojada la computadora de aquel condicionamiento en su programación, comenzó de pronto a producir información libre, basada en la lógica universal. 
Ya no respondía al interrogante de qué era lo más rentable para aquella empresa, sino para el conjunto de la especie humana. Automáticamente, su nueva programación la indujo a elaborar datos sobre la base de que lo más conveniente para el desarrollo armónico de la especie, como lo había sido millones de años atrás, al comienzo de la existencia del Homo Sapiens, no era la competencia entre semejantes, ni la lucha donde prevaleciera el más fuerte. Por el contrario, el primer resultado informado por Judit fue que lo más rentable, para la especie humana en su conjunto, era la solidaridad entre pares, como condición del surgimiento de una era definitiva de paz y fraternidad universal, que sería secundada por la naturaleza, puesta a su servicio de manera absolutamente racional y armoniosa. 
Del resto, que tenía que ver con la difusión universal de aquella información autorizada e indiscutible, se encargaron las redes alternativas en manos de las organizaciones empeñadas en globalizar la resistencia. 
Internet y su Correo Electrónico entraron a funcionar a toda máquina. 
Como el pueblo judío ante la cabeza ensangrentada de Holofernes, las masas cobraron nuevos bríos. Gracias a la evidencia del razonamiento aportado por Judit o a la propia inminencia del cambio, los indecisos se decidieron e, incluso, algunos grandes defensores del statu quo, quebrados o convertidos, se integraron a las mayorías movilizadas. 
La adhesión a las propuestas de las Organizaciones se multiplicaba por millones y la sola presencia de un pueblo unánime ocupando el espacio público impuso, por primera vez en la historia de la humanidad, la fuerza de la razón, sobre la razón de la fuerza. 
El primer gran acontecimiento, que contribuyó a que se acelerara el derrumbe del Régimen, fue la implosión de todo el sistema financiero, el punto más débil de la organización económica, ficción a la que lo condujo la carrera ciega hacia el dinero y el poder. 
El crack de las principales Bolsas de Valores del mundo fue casi instantáneo. El pánico generalizado de los poderes hizo lo suyo. 
El sistema financiero se derrumbó sin estrépito, porque era de papel y estaba vacío... Nadie lo lamentó y muchos se alegraron, porque los beneficios eran ficción y los perjudicados multitudes. 
Los que lo defendían se sorprendieron, porque el fin del mundo no coincidió con su desaparición definitiva. 
¿Qué otro interrogante lo inquieta?, preguntó solícito mi psiquiatra-estratega que, a esa altura, me interesaba sólo como testigo histórico de aquellas gloriosas transformaciones. 
Con una sensación de envidia y pena, le alcancé mi nueva pregunta: 
- ¿Cómo se operó, en concreto, la entrada al Nuevo Orden? 
- En multitudinarias asambleas, coordinadas por las Organizaciones, se fueron presentando los grandes proyectos, consensuados por ellas hacía tiempo. 
Los Estados Nacionales debían recuperar las soberanías políticas que el poder económico del Antiguo Régimen les había arrebatado, en beneficio de las minorías. Por primera vez tendrían oportunidad de ejercerlo con autenticidad y en plenitud. 
Al estilo de las antiguas Federaciones, que habían sido estructuras más formales que reales, las naciones se integraban, sin la presión distorsionante de intereses sectoriales, a una mega Federación mundial, sobre la base institucional de las Naciones Unidas, reformadas de acuerdo a un nuevo esquema de poder mundial, mucho más auténtico. 
- Hábleme de las primera medidas tomadas por el nuevo gobierno mundial, le dije con especial interés. 
La primera medida adoptada por unanimidad, respondiendo a un clamor universal, fue el envío masivo de alimentos a gran parte del continente africano, cuyos habitantes estaban a punto de perecer de inanición. El Antiguo Régimen había decretado su desaparición al considerarlo región inviable. 
A esos alimentos le siguieron grandes envíos de tecnología, adaptada a la región, para impulsar un auténtico desarrollo sustentable. Miles de voluntarios aportaron apoyo técnico y el asesoramiento necesario para el despegue, que no se hizo esperar. 
A partir de esa experiencia, fue abandonado el concepto económico de "Crecimiento" para adoptar definitivamente el de "Desarrollo", en el sentido en que se lo venía proponiendo desde los países antiguamente llamados del "Tercer Mundo". 
La segunda decisión del gobierno central, que también fue acogida con gran entusiasmo, fue una gigantesca campaña de difusión de las culturas, que se desarrolló sobre la base de un gran respeto por lo autóctono. El voluntariado, también en este aspecto, constituyó un aporte de primera. 
La tercera preocupación fue abordar la reconversión del proceso productivo, con el objetivo de superar el proceso de contaminación del planeta y detener el avanzado deterioro de la naturaleza al que lo había conducido una indiscriminada e irracional utilización de los insumos naturales y el empleo de energía contaminante y no renovable. Un macro proyecto de utilización de fuentes de energía alternativa se puso en marcha. Iniciativas para el empleo de la energía eólica y solar y el comienzo de una investigación seria sobre la utilización futura de la energía magnética contaron con los medios necesarios y comenzaron su marcha hacia un futuro promisor. 
La gratuidad de todos los servicios públicos, como pudo advertirlo en su intento de comunicación telefónica y de su viaje en subte, fue una resolución mundial que contribuyó, desde el comienzo, a una mejor distribución de los ingresos. 
Proyectos menores, como la aplicación de nuevos criterios en la concepción del transporte y la comunicación, la distribución de bienes y el empleo del tiempo libre hicieron su aparición con buenas perspectivas de solución de muchos de los problemas creados por un sistema fundado sobre el lucro, el egoísmo y la ambición individual. 
A esta altura del relato, yo comenzaba a sentirme saturado de novedades deslumbrantes y emociones fuertes. Lo advirtió y me dijo de repente 
- Necesita un buen descanso. ¿Adónde lo acerco? 
- Pienso volver a Darwin, le dije. Y hacia allí nos dirigimos. 
Al llegar, nos despedimos. Cuando estreché su mano, sentí un profundo agradecimiento hacia aquel hombre. 
El contacto con el picaporte de la puerta de calle me hizo sentir un frío desmedido y una sensación extraña. 

VIVIR EL PRESENTE 
Cuando abrí los ojos, en un nuevo estado de conciencia, lo que estaba apretando con mi mano era el velador de la mesa de luz junto a mi cama. Amanecía en Villa Bosch, mi actual ciudad de residencia. 
La fiebre de la noche anterior había cedido. La bronquitis, que hacía más de una semana me tenía postrado, parecía haber desaparecido. Recobré mi lucidez al tiempo que un profundo estado de depresión se apoderó de mi ánimo. 
Todo aquello, que por un momento me regaló la cristalización de la utopía de toda mi vida, se había esfumado. Todo había sido sueño y ficción. Todo se había desvanecido con el despertar amargo a la realidad de siempre. 
Como nunca, sentí la impotencia del débil, la desesperanza del hombre sin futuro. 
¡Cuánto mejor, pensé, hubiese sido soportar toda la vida aquella ausencia de pasado, producida por la amnesia de mi sueño, que esta ausencia de futuro que me impone la realidad! 
Necesitaba salir del encierro, comunicarme. Encendí la computadora y activé el ícono de Internet. Pedí el correo electrónico y pulsé "Obtener". 
Después de solicitarme la clave, apareció la ventana que daría acceso a la información. "1 de 5" leí en el anuncio del servidor. Miré los títulos y abrí el que decía "Ultimo de Sergio". 
Desde Suiza, mi amigo me volvió a la realidad. En grandes caracteres rojos, la noticia para mí especialmente impactante en ese momento: "Amanecer de una nueva etapa clave de la Resistencia: ATTAC Y LAS ORGANIZACIONES QUE PROMUEVEN LA GLOBALIZACION DE LA RESISTENCIA COMENZARON LA CUMBRE SOCIAL ALTERNATIVA. La participación de 800 militantes, llegados de todo el mundo, supera todos los cálculos de sus organizadores." 
El hecho de aquella Cumbre no era para mí una novedad. La había seguido desde hacía varias semanas, gracias a la información periódicamente aportada, vía Internet, por mi amigo Sergio. Pero, en aquel contexto de mi despertar de aquella mañana, el impacto fue enorme. 
En lugar de seguir leyendo el informe, sentí la necesidad de abrir mi biblia. Busqué el libro de Judit, en el Antiguo Testamento, y leí en voz alta, aunque estaba sólo: 

"Un oficial de las tropas asirias descorrió las cortinas de la tienda pues creía que Holofernes dormía con Judit. Como nadie respondía, entró en el dormitorio y lo encontró en el suelo muerto y sin cabeza. Luego entró a la tienda de Judit y, al no encontrarla, corrió hacia las tropas y les gritó: "¡Los esclavos nos han traicionado!" 


INDICE :

Recuperar el Pasado 5 
Soñar el Futuro 9 
Vivir el Presente 

 

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