PUEBLO DE CHISMES, CRIMENES Y OTRAS YERBAS

FUNES EL MEMORIOSO

Los días corrían pesados, en la selva Misionera.-

El pueblo se deslizaba por la sierra, cuenta abajo, hacia el arroyo de aguas claras que corría entre las grande piedras moras; reventando en una cascada, agregando una nota musical al paisaje.-

Los grandes árboles, prestaban su sombra a los pocos habitantes del pueblo, que recurrían a esas frescas aguas para mitigar el fuerte sol de la siesta.-

Para llegar a la gran hoya que se formó para recibir el agua de la caída, había que bajar por una improvisada escalera, trabajada por manos anónimas en la dura piedra… Era un paisaje paradisíaco, la paz del tiempo se sentía en la piel, los pájaros, parecían golpes de un pintor, por lo colorido de sus plumas, y los trinos formaban una escandalosa sinfonía… Sin que por ser escandalosa dejara de ser bellamente incoherente.-

Todo parecía conformar un equilibrio perfecto, los hombres, la tierra, los pájaros, los árboles y el agua… se mantenían en el espacio como planetas girando sobre un eje perfecto.-

La tarde era calurosa y la tierra colorada parecía un manto de paño que aumentaba el calor… esa tierra colorada que se metía en todos lados, como un implacable fisgón.-

Desde la cascada al pueblo, había unos tres kilómetros por entre la selva y unos cinco por el viejo camino… los lugareños, preferían el frescor de la selva al polvo del camino.- 

Yo había llegado al pueblo, por esas cosas de la vida, sin pensarlo.-

 Huyendo de alguna calamidad, o solamente de mí mismo… no sé.-

Su gente me aceptó como uno más y prontamente aprendí sus costumbres, compartí sus penas, sus alegrías, sus chismes… eso en un pueblo de la selva es muy importante… los chismes.   Sin ellos no se puede vivir, son como el diario para el hombre de negocios de la ciudad… o la radio… Mantienen informada a una comunidad tan   íntima como esa.-

No es lo mismo leer en el viejo diario del pueblo, que el carrero José, murió en la selva, aplastado por una piedra mora, cuando trataba de cargarla en su carro; que saber por la boca de los vecinos… que José estaba trabajando más de la cuenta, por necesitar dinero para llegar a la Capital de la provincia para hacer la compra de una chata, que le permitiría realizar sus transportes más rápido y así mejorar su condición… José era una de las personas muy consideradas en esa pobre comunidad por tener un bien tan importante … un carro y cuatro caballos.-

O enterarse que la hija del peluquero, vino de la Capital con una fortuna… dos monedas mas de las que se fue… y  esa fortuna la había hecho vendiendo sus favores en la puerta del casino… eso en el viejo diario no se decía… Se sabía por los chismes.-

La vigencia de esa forma juglaresca de comunicación era con un sentimiento… el diario no… Los viejos daban a esta forma un sentido práctico, humano… mi pueblo, ese pueblo que me recibió en sus calles cuando llegué, la practicaba con unción y yo me adherí a ella inmediatamente.-

Como dije, llegué a ese pueblo por obra de la casualidad… o de la causalidad… han pasado muchos años y todavía no lo he podido resolver.-

No creo en las casualidades… si creo en un determinismo extremo… que me puso en esa geografía y entre esa gente… por alguna razón.-  Lo que estaba muy lejos de saber, era que en esos días resolvería el dilema…

Había instalado mi estudio jurídico, pues soy abogado, en una casita que le arrendé por aquellos días de mi llegada, al comisario… verdadero terrateniente y potentado, ya que contaba con tres propiedades, un desvencijado Ford y dos o tres hectáreas de yerba mate, que le daban una buena renta anual cuando vendía la cosecha a la cooperativa del pueblo vecino… Lógicamente a toda esta manifestación de riquezas, había que agregar su cargo de comisario, el que obtuvo por favor del un caudillo político de la capital, en pago a una elección ganada en la zona.-  Dicen los chismes… de dudosa transparencia.-

Mi estudio jurídico, era además mi casa… tenía dos habitaciones grandes, que daban a la calle principal; con una ventanas de madera de la zona, tallada con hacha, cada una y un portal de la misma madera… que daba a un patio donde estaba la cocina y el comedor.- Era un fastidio en épocas de lluvia, pues para ir desde el estudio a la cocina, a calentar el agua del mate… me mojaba y embarraba con ese barro colorado, pegajoso y caliente, toda la casa… Por lo demás… era una casa muy agradable… sobre todo en las noches frescas de la selva… ella se metía con sus ruidos y silencios en mi casa como un invitado más, de los mucho que concurrían.-

Durante el día mi vida se desarrollaba, arreglando pleitos o enredándome en discusiones terribles con el comisario, para que dejara ir a su casa, alguno de mis clientes que se pasaran de diversión en la noche.- Esa discusiones eran parte de mi folclore; los dos sabíamos como terminaban.- El contraventor, como le gustaba llamarlos al comisario, rumbo a su casa y nosotros tomando el primer tereré del día… sentados en la galería, en dos viejas poltronas de algarrobo… fueron hechas por un preso que pasó sus años de juventud en los calabozos de la comisaría, por lavar su honor a machete.- Fiera arma en manos de mi gente.-

Dos veces por semana, viajaba a la capital para hacer la recorrida en los Juzgados y comprar algunas cosas que me faltaran y regresaba al caer la noche… en el viejo colectivo.- Era un gran honor que se me dispensaba por el chofer y dueño… sentarme en el asiento del guarda.- Esto significaba que durante el viaje de ida y  vuelta, se me sometía a una interminable consulta de carácter jurídico, que nunca podía evacuar.- No había libro, ni teoría que demostrase la solución a los problemas que se me planteaban… era un costo muy alto el sentarme en el asiento del guarda.- Pero aceptaba las reglas del juego.- Viaje por consulta.-

Los días se terminaban en el borde de la selva, allí caía el sol y ponía en movimiento lo que  denominaba “la fauna nocturna”.- Esta fauna no solo se refería a los animales de la noche… que se encontraban en las afueras del pueblo… sino que involucraba a los personajes de la noche pueblerina, que lentamente ocupaban sus lugares, como trebejos imperfectos de aquel tablero de ajedrez.-

Los carros cargados de peones llegaban al pueblo, venían desde el vientre de la selva… de los obrajes… de los yerbatales.- Todos tenían una consigna, reírse… reírse fuerte y por cualquier motivo… solo espantar el fantasma de su soledad por medio de la risa… Era una curiosa terapia, pero válida para esa gente.- Válida para mí…

Conocía a casi todos… muchas veces me metí en el corazón del obraje para tratar de frenar algún atropello a sus derechos…

A muchos de ellos los asistí frente a situaciones complicadas… los ví temblar ante el Juez de la capital cuando se los acusaba de hacer tal o cual cosa… pero asustados, nunca los ví perder su dignidad… esa dignidad que dá la tierra, esa tierra colorada que se prende en el alma y hace al hombre más fuerte frente a la adversidad.

A muchos de ellos los ví tragados por la cárcel… Y me dolió perderlos, no pude revertir la implacable ley… y volví a mi pueblo en deuda.-

Todos pasaban por frente a mi casa-estudio… Esa procesión pagana de seres eternos, de putas inconfesas, de malevos frustrados, de decadentes formas.-

Las casas se iluminaban y desde su interior sonaban distintas melodías que ayudaban a sostener el silencio… A lo lejos, oía de vez en cuando un sapucay… grito macho, como lo llamaban, anunciando una victoria de no sé que cosa… Nunca  entenderé como se hace para sentir ese grito, dicen que nace desde el alma y sale por la boca, como una llamarada de vida.-

Desde el guarda-patio podía ver a todos mis vecinos… me pasaba la primera media hora saludando… todos eran mis confidentes… todos me contaban sus chismes…

Estaba en una de esas ceremonias rituales de saludos y cumplidos, cuando frente a la casa veo parar el viejo Ford del comisario.-  Su cara estaba descompuesta y casi gritaba… algo muy extraño pasaba, para que aquel hombre hubiese perdido la compostura en esa forma.-  Llegó hasta donde me encontraba y casi a los gritos me ordenó que lo siguiera… No sé por qué, en ese instante recordé a García Lorca “… voces de muerte se oyeron, cerca del Guadalquivir”.-Subí a ese engendro mecánico y salimos hacia las afueras del pueblo.-

Durante el viaje, me dijo que algo muy malo le pasó a la hija del peluquero… Dimos un par de vueltas y llegamos a una casa que se encontraba en el borde de la ruta… todo estaba lleno de gente que en grupos murmuraba y señalaba hacia adentro.- Bajamos del auto y el sargento se acercó solícito para abrirnos paso entre la gente… el aire estaba lleno de olor a sudor… a miedo… a muerte.-

Entramos y ví en un rincón al peluquero sentado en una silla de chala, acompañado de una vieja lugareña… “la médica”, nombre aplicado con sabiduría a la curandera del pueblo.-

El comisario me guió hasta la habitación contigua y me mostró lo que yo no quería ver… la hija, estaba tirada en el suelo con su garganta abierta por el filo de un machete… quedé mirándola y me pareció que de esa boca grotesca… sanguinolenta… se escapaban palabras.- Fue el engaño de la poca luz en el cuarto… fue realmente que decía algo…

Lentamente me fui retirando hacia la puerta… buscaba salir… huir… me asusta la muerte… me duele la muerte jóven, sin sentido, sin color.-

La gente se quería meter dentro… para ver… para sentir la muerte.- Probablemente eso les permitía ahuyentar sus miedos.- Y nuevamente comencé a escuchar los chismes… eran la fuente de la verdad oculta… esa verdad que el viejo diario local nunca diría.-

Alguien se acercó y me contó una historia sobre un hombre que vino de la capital para llevarla… Otro me dijo que había un muchacho del pueblo vecino que estaba frecuentando la casa de la ruta… Todos creían saber quien había terminado con la vida de esa jóven…

Me fui caminando por la ruta… pensando… Cuantas hijas ví muertas en mi larga vida de abogado y todas tenían un mismo culpable: la vida… paradoja siniestra, la responsabilidad de la muerte era la vida…

Esa noche no dormí… la selva no me arrulló con su perfume y sonidos… el pueblo se calló… fue como un homenaje a esa Reina de la Noche, que dejó su trono de miserias y caricias pagas… para volar hacia la libertad eterna… esa libertad que solo los puros de alma logran… Nunca más, nadie profanará tu alma por dos monedas…

El día amaneció rojo… parecía que el polvo se mezclaba con la luz… la gente estaba sombría… triste… nadie tenía ganas de hacer nada, esa mañana no realicé el ritual de discusiones con el comisario… nadie se pasó de diversión esa noche…

Caminé hacia la galería y me senté en la poltrona, esperando que mi compañero tomara su lugar… salió del despacho, sombrío… melancólico… sus ojos estaban rojos por no dormir…

-Feo asunto- dijo

-Feo asunto- contesté

Le comenté los chismes… sólo por hablar algo… él ya los sabia.-

El tereré no tenía sabor… estaba mas frió que nunca, tenía mucha pena dentro… Y lo que nunca pensé que vería, esa mañana ocurrió: Vi llorar a un hombre del monte, caían las lágrimas pesadas… cansadas… llenas de pena, una pena profunda, infinita… que sólo los hombres del monte sienten ante la injusticia.- Y la terrible paradoja estaba presente: la vida era responsable de la muerte.-

Todo el día el pueblo entero deambuló de un lado a otro… nadie tenía rumbo…

Mis pasos me llevaron a la casa de la ruta.- Me quedé en el patio, bajo los paraísos, hablando con mi gente… sufriendo con ellos… ellos me aceptaron en mi llegada… tomaron mis tristezas y las compartieron… hoy  comparto las suyas…

Pasaron los días y el pueblo tomó el ritmo de siempre… los meses de las lluvias se fueron y el calor se hacía sentir cada vez más… Recuerdo que en los primeros días de mi llegada, el calor se me hacía insoportable, pasaba todo el día dentro de mi casa… tratando de robar la más fresca brisa.- Hoy, si no hay calor, me siento huérfano… Cosas de la selva, me dijo un viejo europeo; que en su juventud vivió en Ucrania.-

Por esos días, los chismes arreciaron… la mujer del único médico del pueblo se fue con un yerbatero de la capital.- Conocía al galeno, pero su forma de ser me ponía en distancia… no me gustaba que se tratara a mi gente desde un peldaño más arriba.-

Las mañanas en la comisaría estaban llenas de historias de mujeres que se escapaban con otros… El comisario que era un hombre duro, tenía una respuesta para esas situaciones… “Las mujeres no tienen idea que no son nada sin su marido… Hay que darles trabajo en la casa y muchos hijos así están ocupadas y no tienen tiempo para otras cosas”… Sentencia dura… pero que en ese ambiente sonaba coherente.- Nunca pude hacerle entender que la libertad es igual para el hombre y la mujer…

Y lo realmente concluyente de su postura extrema era que el aplicaba sus principios… tenía catorce hijos.-

Estábamos una tarde, tratando de llevar adelante una intricada conversación sobre la calidad de la yerba y sus distintos estados… cuando llega el Intendente.- Era un hombre bajo, muy jovial y de buen humor… nadie sabía a que partido pertenecía… Cuando llegué  ya era intendente.-

Como era el único abogado del pueblo, se me nombró asesor municipal… cargo por el cual no percibía ni un solo peso, pero me permitía estar cerca de las deliberaciones y actos de gobierno.-

Me pidió hablar en privado, cosa que asentí y lo introduje en mi despacho.- Se sentó en un viejo sillón, producto del mobiliario de la casa de un yerbatero que murió años atrás… y que sus herederos me regalaron por ser un mueble muy fino… cosas de esta profesión.-

Seriamente me impuso de la situación: Le habían dicho de la Gobernación que le darían una buena partida de dinero para asfaltar el centro del pueblo… aparentemente desde la capital se pensaba llevar al Presidente a una recorrida por el interior dentro de unos meses y querían que nuestro pueblo fuera uno de los lugares a visitar.-

Después de explicarme los intricados caminos de la política, me pidió que diera mi parecer y mantuviese la noticia como secreto profesional…

Es de suponer que manifesté mi acuerdo total al adelanto que significa el asfalto en un pueblo… sólo  pensaba que debía comunicarlo a la gente para que se sintiera comprendida por las autoridades provinciales.- Vale decir que durante años, nunca se acordaron que existíamos.-

Nuevamente me explicó que no podía decir nada,  pretendía dar la noticia al pueblo en un acto especialmente preparado al efecto al cual asistiría el Gobernador y alguno que otro capistote, hambriento de votos.-

Me saludó muy efusivamente… y se fue… no sin antes desparramar algunas bromas con las personas que estaban en el guarda-patio esperando el turno de ser atendidas.-

Salí para ver cuánta gente esperaba… me dí cuenta que esa tarde terminaría ya en la noche… había mucha gente.- Tenía previsto para la primera hora de la noche reunirme con un comerciante del pueblo vecino, para arreglar no sé qué pleito… pero sabía que faltaría a la cita.-

Cuando despedí al último cliente, eran ya las once de la noche… Ya estaba un poco más fresco, así que decidí cenar algo muy liviano y acostarme a estrenar mi primer ventilador de pie…

Estaba en la cocina… haciendo tronar los cacharros, cuando oí que llamaban a la puerta… me pareció extraño que llamaran… pues nadie lo hacía… se entraba y gritaba: Hola Doctor!!!… Dónde está?… esta última pregunta generalmente ya se formulaba en el patio, rumbo a la cocina después de haber mirado al dormitorio… Mansamente me acerqué al portal que estaba abierto…

No recuerdo nunca haber cerrado la puerta, sólo lo hice la noche de la muerte de la hija del peluquero…  fue por respeto… esa noche todo el pueblo se cerró…

Me sorprendí al ver parado en el umbral a una persona de traje, con un portafolios en su mano y un pañuelo empapado en sudor en la otra…

Es casi media noche!… me sorprendí diciendo a la persona… Me dió las disculpas del caso y me pidió si lo podía atender… Debía ser en ese momento, era urgente… Como no ví manera de eludir su petición, abrí la puerta del despacho… y lo invité a pasar.-

El hombre, quien resultó ser un colega de la capital,  me traía un sobre con documentación y una carta personal… Mientras me explicaba el motivo y las directivas de su cliente; abrí el sobre y extraje los documentos, con el fin de catalogarlos conforme se producía la explicación.- Esta extraña entrevista se prolongó hasta pasadas las tres de la madrugada… Mi colega rechazó, la invitación a quedarse en mi casa, para pasar la noche…

Es muy peligroso viajar de noche en esos lugares, pues hay  tránsito de camiones con grandes troncos, que aprovechan la soledad de la ruta para trepar las cuestas y ganar tiempo llegando temprano a los aserraderos de la capital.-

Me explicó que debía estar temprano en Posadas, por cuestiones profesionales… eso me llevó a no insistir.- Bien sabía yo, que esos compromisos son impostergables… Así que nos despedimos en el guarda-patio y salió presuroso a su automóvil, el que había dejado frente a la comisaría.-

La intención de mi cansancio me indicaba el dormitorio… de comer ya me había olvidado.- Pero la obligación asumida me ordenó sentarme en mi sillón y leer la carta… cosa que como era personal no hice frente al colega.-  La lectura me llevó a tomar una determinación; debía ir a cumplir de inmediato el mandado…

La madrugada estaba fresca y el rocío había mojado los pastos y plantas de la vieja plaza, haciendo que brillaran mágicamente ante la luz de las farolas…  Sonreí, cuando pasé bajo una de ellas y leí mi nombre; seguido de una leyenda de agradecimiento por su donación.-

La inauguración de la iluminación de la plaza, fue un acto muy importante para el pueblo, cada vecino había donado una farola… pues el presupuesto municipal no permitía comprar con el erario publico tales artefactos. Y por iniciativa del Consejo Deliberante se puso el nombre del donante y una leyenda bajo cada una de ellas.-

Recuerdo que en el discurso… se dijo que era para que siempre se recordara que esa obra fue hecha por el pueblo.-

La verdad es que nunca me gustaron esas farolas… las había elegido la esposa del intendente… mujer muy exigente y rebuscada en sus gustos…

Pensando esto, llegué a la casa del médico… que era adonde me dirigía a cumplir con mi mandado…

No me extrañó ver luz en su consultorio, sabía que siempre la dejaba encendida para que se lo llamara en caso de urgencia…  Ya he dicho  que no tenía mucha simpatía por el galeno.-

Tamborileé con mis dedos el vidrio de la ventana y ví que desde adentro una sombra se acerca… El médico, un hombre jóven de unos treinta y ocho años, estaba vestido con su inefable chaquetilla blanca y un rostro cansado… sin afeitar… lo que hacía que pareciera de más edad.- Le extrañó mi presencia a esa hora… y me invitó a pasar.-

Cuando salí del consultorio ya había amanecido… Nuestra conversación duró algo más de dos horas… La carta que yo había recibido de manos del colega… la enviaba la esposa del médico.- Se entenderá que por cuestiones del secreto profesional nunca revelaré el contenido de la carta ni las conversaciones mantenidas con mi colega y el médico.-

Lo que sí puedo decir, es que desde aquel día… o noche… El galeno, como me gusta llamarlo,  pasó a formar parte de mi universo de afectos en ese pueblo de la selva… tan querido.-

Caminé hasta la comisaría y allí estaba el comisario… esperándome… tomé mi sitio en la poltrona… recibí de sus manos el primer tereré del día…

- Qué  nochecita!- dije

- Será! - contestó

Paso siguiente nos enredamos en esa discusión eterna…

Habían pasado dos o tres días de aquella odisea nocturna… cuando llega el agente, secretario del comisario… para decirme que fuera a la comisaría enseguida, pués me hablarían desde Posadas, el Señor Juez Federal… Me causó gracia la reverencia en la voz que puso el hombre, cuando pronunció aquello de: “Señor Juez Federal”… Me imaginé que estaba en una corte medieval… Esa es la simpleza de mi gente… se asombra… se maravilla ante lo que considera un poder distinto, superior…

El Juez Federal de Posadas, era un hombre muy culto, refinado… era lo que  califico como “un hombre sabio”… Imponía respeto con su presencia, alto… de cabellos totalmente blancos… una voz muy clara y suave, que demostraba una seguridad perpetua, la seguridad que otorga ser un hombre de bien…

Habíamos estrechado una relación, que no llegó a ser amistad… posiblemente por esa forma de ser… Pero siempre lo sentí muy cerca… a lo largo del tiempo he recurrido a su sabiduría; no sólo en derecho, sino en la vida…

Llegué al despacho del comisario y me senté a esperar el llamado… la situación era expectante… Qué quería el Juez?… Qué era tan importante para  llamar a un abogado de pueblo?…Sonó la campanilla del teléfono y el comisario se puso de pie y atendió con toda la ceremonia que el caso exige…

Después de darse a conocer y comunicar su rango… me pasó el auricular para que pudiera hablar…

La curiosidad en mi gente, es natural… forma parte de su existencia… no tiene nada de maligno o retorcido.- Es por eso que cuando hace un ademán de retirarse… para que  hablara tranquilo… le hice señas que se quedara, no necesitaba intimidad… esto realmente lo puso de muy buen humor…

Fue una conversación breve… estilo del juez… en la que me decía que estaba en un dilema y que trasladaría el Juzgado a nuestro pueblo para realizar un peritaje… sobre tipos de yerba mate.- Mi tarea era colaborar a fin de encontrar los peritos…- Nos saludamos y quedamos de vernos en dos días, para ultimar los detalles de la actuación, en la capital.-

Los ojos del comisario estaban fijos… Las preguntas se le atropellaban…

Le dije que el Juez debía realizar un peritaje sobre los dos tipos de yerba elaborada… molida y canchada… Todo por un juicio sobre impuestos nacionales que afectaba a los molineros más que a los canchadores…

Todos sabíamos la diferencia y las posibilidades de cada uno… sólo que las leyes… hechas por personas que no conocen la realidad se encargan de complicar.-

Para dar un detalle y comprender lo insólito del peritaje, trataré en una explicación sencilla… de dar las diferencias: la yerba canchada, es la que se obtiene después de secar las hojas del arbusto en canchas o zarzos al sol… hoy se hace por medio de maquinas… pero en aquella época las secadoras eran muy pocas y costosas… las hojas secas, después pasan al molino donde se muelen y quedan aptas para su consumo…

Estos dos pasos se hacían independientes uno del otro… había canchadores que vendían a los molinos y estos molían y envasaban en paquetes… que se vendían por todo el país.-

 El juez quería determinar… para fundar su fallo… si la yerba canchada servía para tomar mate ó no… conforme a eso, daría su fallo sobre el entuerto… Cosa nada fácil.-

Viajé a la capital… y a mi regreso, traje las directivas para efectuar esto… que los abogados llamamos… “medidas para mejor proveer”…

Los preparativos de la diligencia se realizaron como los de la batalla final… Mi casa-estudio se transformó en el cuartel general, de un ejército misterioso… que citaba a vecinos muy viejos y experimentados en yerba… Los chismes… Corrían como pólvora… Hasta el médico fue reclutado, junto con el cura y un viejo pastor protestante… El intendente aportó el padrón electoral actualizado… Las reuniones se prolongaban por horas en mi despacho… en la comisaría… en el consultorio… ni la casa parroquial se salvó de aquellos preparativos.-

Cuando regresaba a mi casa, después de alguna reunión secreta… durante el camino pensaba lo que estaba pasando y me entraba un ataque de risa… solamente por pensar en la cara de los abogados del Gobierno cuando participaran de aquel peritaje.-

Al final todo estaba listo… le informé al Juez y me manifestó que al día siguiente… como lo había ordenado se constituiría en nuestro pueblo para realizar la diligencia… como llamamos a estos actos.-

El día amaneció espléndido, como si quisiera colaborar en tamaño acontecimiento… El intendente, había dispuesto que el salón de la Municipalidad fuera el lugar donde se llevaría a cabo…

Cuando llegué a la comisaría, el comisario estaba con su uniforme nuevo… todo brillaba… desde la empuñadura del viejo latón – así se llamaba el sable – hasta la culata del revólver… pasando por todos los cueros y botones que cargaba… Me senté en mi poltrona… curiosamente él no se sentó… permaneció parado… realmente tenía miedo de arrugar el uniforme.-

Esa mañana… nuestras discusiones diarias, dieron paso a otro tipo de charlas… todas relacionadas al evento que nos ocupaba… al momento llegó el galeno… la chaquetilla encandilaba… reflejaba el sol por la gran cantidad de almidón que tenía… Llegaron el cura y el pastor… los viejos adversarios de púlpito, que se disputaban las verdades del Señor… hoy juntos.-  Todos, sin excepción, habíamos pasado por las manos del peluquero… y lucíamos su arte en nuestras cabezas con orgullo…  El hombre se había repuesto de su pérdida… el pueblo también…-

Cuando llegó la hora, arrancamos para la Municipalidad… marchamos todos juntos… éramos los generales de aquel ejército secreto que preparó la batalla final… sobre nuestras cabezas estaba todo el orgullo de nuestra gente… Hoy se sabría en el país que nuestro pueblo existía… venían periodistas de  la capital… gente de otros lados… los representantes del Gobierno Nacional… todo eso; por la sabiduría de un Juez…

Llegamos a la Municipalidad y el Intendente nos esperaba… en nerviosismo se podía sentir en todos nosotros, la gente miraba para el lado de la calle, por donde debía aparecer la comitiva del Juez… alguien dió la voz… Ya vienen!… todos instintivamente alisamos nuestros recién cortados cabellos… ajustamos el nudo de la corbata… nos miramos, para aprobar nuestro estado… Nos vimos bien…

El auto que traía al Juez… secretario y escribientes, era seguido por otros dos… en los que venían los abogados del Gobierno y de las partes.-

Se bajaron y avanzaron sobre nosotros… con gesto amable… procedimos al protocolo de saludos y apretones de manos… Sobre todos sobresalía la estatura del Juez… su cabeza blanca se distinguía por sobre todos.-

Me dice si está todo listo… ante mi asentimiento, invita a las partes a pasar… Desde ese momento tomó la dirección de la situación.-

Pasamos al salón, donde se encontraban dispuestas en “U” las bancas… y en el espacio interior había seis sillas… separadas en grupos de tres.-En una habitación contigua estaban las seis personas, que nuestro estado mayor había seleccionado… siguiendo las directivas que me dieran en la capital…

Sólo podíamos estar presente, los miembros del “generalato”… los demás quedaron afuera, totalmente abrumados por la curiosidad…

Tengo que confesar algo: por más que esto para mí era nada más que una diligencia… estaba muy nervioso, el orgullo de mi gente dependía de esto y no podíamos fallar… Mis ojos buscaban algún signo de contrariedad en los presentes, para intentar solucionar cualquier inconveniente que pusiera en peligro nuestro prestigio… nada… todo parecía marchar según los designios preestablecidos.-

El Juez tomó la palabra y pidió que las personas que estaban en la habitación contigua, pasaran al salón…

Los abogados del gobierno se miraban… A uno de ellos lo conocía de la capital… las miradas interrogantes que me hacía, me obligaban a mirar para otro lado… no podía decir nada.-

Se tomaron los datos de esas personas… eran las más viejas de nuestro pueblo… todas tenían una vida en los yebatales… sus sueños estaban tras del oro verde… como llamaban a la yerba.-

Es admirable lo que la sabiduría de la edad produce… la tranquilidad que tenían frente a estas personas.-  Estaban seguras de lo que hacían… los años daban su fruto.-

Cada uno de ellos tenía un mate en la mano y una pava… “caldera”, como la llamaban en la selva…

La prueba consistía en que tres de ellos prepararan y tomaran mate con yerba molida… y con yerba canchada… Y emitieran sus veredictos al Juez… quién al final determinaría en su sentencia si era posible o no gravar con más impuesto la yerba mate canchada o la molida…

Pasada la prueba… con los datos necesarios, todos partieron rumbo a la capital…

Nosotros quedamos satisfechos, habíamos cumplido con nuestro deber y nuestro pueblo salió en el diario de la capital…

La tarde cayó rápido, fue un largo día… nos ganamos el descanso… Todos soñamos con mates… yerba y jueces… todos soñamos con ser por un momento protagonistas de la historia.-

El sábado siguiente a la ajetreada semana… decidí ir a la “catarata”, como le decíamos al salto de agua… Solía ir a ese lugar, cuando necesitaba poner en orden el “archivo”… Tomé como siempre, por la selva y sin pensar en nada… comencé a caminar… me quería llenar del aroma de la selva caliente… sentir las orquídeas… ver los colores de los pájaros, de los árboles… tenía necesidad de sentir…

Me dejé atrapar por el sonido del agua… que en cada paso se acercaba… me embriagaba, como el mejor de los vinos.-

La tierra colorada se pegaba a mi cuerpo como una piel, para llenarme de historias… de ese pueblo tan querido, que me recibió un día… sin preguntarme quién era y me regaló todo el afecto de su gente… mi gente…

Caminé despacio… parándome frente a cada cosa que llamó mi atención… como la primera vez que recorrí el camino de la selva… con mis ojos llenos de asombro…

No sé cuanto demoré en llegar… la “catarata” me despertó de mi viaje… sus notas graves, completaban los sonidos del monte… El agua reflejaba el sol… bajé hasta la hoya y me senté en la orilla, la claridad del agua me dejaba ver el fondo de piedra mora… esa piedra que estaba metida en la tierra, como yo.-

La tarde se puso lenta, los recuerdos comenzaron a salir… los días pasados… entraron a ocupar su lugar en el paisaje… se trepaban por las lianas de mis sentidos, como una enredadera…

Pensé en la distancia…

El agua fresca me invitó a cubrirme de ella… mi piel gastada de tanto andar, quiere descanso…

Me zambullo hasta el fondo… su frescor me acaricia… me lleva.-

Los árboles dan sombra al lugar… los colores son más intensos… son mis colores, los que mi pueblo me regaló… sin preguntar quién era.-

Trato de pasar a través de la cortina de agua, para entrar en la cueva que hay detrás… Las piedras están resbalosas, el musgo del tiempo creció sobre ellas… llego y miro por el contrario la caída de agua…. Aquel paisaje, me parece más bello que antes… Siempre me gustó mirar detrás de la caída de agua…

Veo la boca de la cueva… me aproximo para mirar adentro.-

Cada vez que voy, me olvido de llevar una linterna… no puedo ver nada, sólo oscuridad.-

Dice una historia que por esa cueva se llega a una cámara y allí hay un plano dibujado en una piedra, que indica donde los jesuítas de San Ignacio guardaron sus tesoros… Algún día llevaré una linterna.-

Salgo del agua y comienzo a caminar hacia el pueblo… lentamente… saboreando el regreso… los pájaros me hacen el coro y la “catarata”… me despide con sus graves mas hermosos… los verdes se meten en mi piel y me dan savia de vida…

Y es el momento en que tengo la respuesta que busqué… yo no llegué al pueblo, él me encontró perdido en los caminos del tiempo para darme lo más hermoso que se le puede brindar a un hombre… La sensación de pertenecer a un lugar…

 

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